La prensa extranjera descubre hoy en Puerto Rico un territorio donde ocurren cosas importantes, pero nunca en Puerto Rico mismo. El análisis de France 24 sobre la decisión de la Corte Suprema estadounidense que ratifica la ciudadanía por nacimiento trae a Carlos Díaz Olivo, abogado y profesor de la Universidad de Puerto Rico, como voz experta. Es un reconocimiento de la capacidad analítica que existe en la isla, pero también revela algo más incómodo: Puerto Rico aparece como un repositorio de intelectuales útiles para explicar decisiones que se toman en Washington, no como un territorio donde esas decisiones tienen consecuencias específicas que merezcan análisis propio.
La Decimocuarta Enmienda, que la Corte acaba de reafirmar con 6 votos contra 3, tiene un peso particular en Puerto Rico que la cobertura internacional ignora deliberadamente. Para un territorio no incorporado cuyos residentes son ciudadanos estadounidenses desde 1927, pero cuya relación con la soberanía y los derechos políticos permanece en un limbo constitucional, la ciudadanía por nacimiento es una realidad que convive con la ausencia de representación electoral plena en el Congreso. Pero eso no es lo que pregunta France 24. La pregunta es qué camino le queda a Trump, no qué significa esta decisión para Puerto Rico.
Este patrón es casi mecánico. Cuando la prensa internacional necesita expertise sobre temas estadounidenses, recurre a Puerto Rico. Cuando necesita entender a Puerto Rico, raramente lo hace. El territorio funciona como una antena que amplifica voces autorizadas sobre asuntos que se deciden en otra parte, mientras sus propias complejidades permanecen en segundo plano, accesibles solo para quien sepa buscarlas entre líneas.