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🇦🇷 Argentinajueves, 2 de julio de 2026

La prensa internacional observa el cambio de jefe de Gabinete en Argentina no como una solución, sino como un síntoma de desgaste acelerado. France 24 lo presenta con una economía de lenguaje reveladora: Santilli llega "en medio del escándalo desatado por su antecesor", y ese escándalo no es marginal sino estructural al relato que Milei construyó sobre sí mismo.

Lo que resulta notable en el encuadre extranjero es cómo la prensa internacional registra un dato que podría parecer secundario pero que opera como una grieta conceptual: Santilli es un experonista, un hombre que proviene del peronismo antes de transitar hacia el PRO de Macri. Es decir, el presidente que llegó prometiendo destruir la política tradicional acaba de nombrar como su mano derecha a alguien cuya trayectoria es la encarnación misma de esa política de transacciones y realineamientos que Milei juró eliminar.

France 24 no subraya esto con énfasis moralizante, pero lo deja ahí, implícito en la arquitectura del relato. El experonista que fue diputado, senador, ministro de Seguridad porteño, ahora ocupa el cargo más delicado de la administración. No es una anomalía que la prensa extranjera celebre como pragmatismo. Es evidencia de que el experimento libertario, apenas dos años después de su inicio, ya está recurriendo a los mecanismos que prometía enterrar.

El contexto que France 24 añade es igualmente significativo: la "popularidad de Milei está en declive", hay "acusaciones de corrupción" y "crecientes fricciones dentro de su equipo". Esto no se presenta como una crisis pasajera. Se presenta como un patrón. El cambio de Adorni por Santilli es un movimiento táctico dentro de una erosión más amplia.

Lo que la prensa internacional omite deliberadamente es cualquier análisis sobre las capacidades reales de Santilli para resolver los problemas estructurales que enfrenta Argentina. No hay especulación sobre si su experiencia en gestión porteña lo prepara para la complejidad macroeconómica nacional. No hay evaluación de su visión sobre inflación, dolarización o deuda. El foco extranjero permanece fijo en la política interna, en la supervivencia del gobierno, en la distancia entre la promesa y la práctica.

Adorni se retira con una carta que France 24 reproduce casi íntegra, y en esa reproducción hay una ironía que la prensa internacional no necesita subrayar: un funcionario investigado por enriquecimiento ilícito, que admitió ocultación de medio millón de dólares, que fue hallado usando tarjetas de subordinados para compras personales, se presenta a sí mismo como víctima de "ataques mediáticos" y afirma tener "la consciencia tranquila". Es el lenguaje de quien se retira bajo presión pero niega la presión. Y la prensa extranjera lo deja en el aire sin resolverlo, permitiendo que el lector note la contradicción.

Lo verdaderamente nuevo hoy no es que Milei haya tenido que hacer un cambio de personal. Lo nuevo es que ese cambio revela la velocidad con la que su proyecto se está normalizando, es decir, la velocidad con la que está adoptando las prácticas políticas que denunció. Y esa normalización, visto desde afuera, no es un signo de madurez sino de captura. Argentina, en la lectura extranjera, no está siendo reformada por Milei. Está reformando a Milei.

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