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🇩🇴 República Dominicanaviernes, 3 de julio de 2026

La prensa internacional que cubre República Dominicana ha elegido hoy un encuadre que, en su aparente simplicidad, revela una estrategia de legitimación que merece examinarse con cuidado. Infobae América, el medio que domina la cobertura del país en la región, publica cifras de récord turístico —6.6 millones de visitantes en el primer semestre de 2026, un crecimiento del 7.7 por ciento— con un tono que sugiere que el turismo es, en sí mismo, un indicador de estabilidad y confianza nacional.

El argumento es seductor. La ocupación hotelera del 71 por ciento, el índice de satisfacción de 4.4 sobre 5, la intención del 92 por ciento de los visitantes de regresar: todo ello parece hablar de un país que funciona, que atrae, que seduce. Y es verdad que estas cifras existen. Pero lo que la cobertura internacional omite, o al menos no tematiza, es la pregunta que debería acompañar a estos números: ¿qué país ven los turistas y qué país experimentan los ciudadanos?

El encuadre del turismo como narrativa de éxito nacional es particularmente útil para gobiernos que enfrentan otros problemas de gobernanza. El turismo es un sector que puede brillar mientras otras instituciones fallan. Puede haber un Punta Cana de cinco estrellas y simultáneamente una capital donde la corrupción migratoria prospera, donde la violencia se reclasifica estadísticamente para parecer menor, donde los sistemas de salud se miden en ejercicios de madurez administrativa pero no necesariamente en resultados. La prensa extranjera, al concentrarse en los números turísticos, particularmente en la dependencia estadounidense —el 53 por ciento de los turistas— está validando una lectura del país que es fundamentalmente la de un destino de consumo, no la de una sociedad con complejidades internas.

Lo notable es que Infobaa América reporta estos datos sin hacer la pregunta obvia: ¿qué sostiene esta afluencia turística en un contexto donde otras dimensiones del Estado parecen frágiles? ¿Es la reputación del destino tan robusta que puede resistir indefinidamente los problemas de seguridad interna, corrupción institucional y debilidad sanitaria? O bien, ¿los turistas simplemente no ven esos problemas porque están confinados a espacios que no frecuentan?

La cobertura internacional elige la narrativa más limpia: el éxito turístico como prueba de que República Dominicana está en la senda correcta. No es falsa, pero es incompleta. Y esa incompletitud es el espacio donde los gobiernos encuentran oxígeno para continuar sin resolver lo que no aparece en los reportes de Infobae.

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