La prensa internacional que hoy cubre América Latina ha optado por un encuadre que, en apariencia, es el más técnico y menos dramático de los posibles: Costa Rica enfrenta un repunte de dengue, las autoridades publican boletines epidemiológicos, se recomiendan medidas preventivas. Infobea América reporta los números con la precisión de un comunicado oficial. Pero este silencio relativo, esta ausencia de alarma en la cobertura extranjera, dice algo importante sobre cómo la prensa de afuera está viendo hoy a América Latina.
El dato central es paradójico: Costa Rica registra 1.411 casos acumulados de dengue en 2026, lo que representa una reducción del 8 por ciento respecto a 2025, cuando había 1.540 contagios. Por cualquier métrica racional, esto es una noticia de control relativo, de gestión que funciona. Las autoridades sanitarias lo subrayan. Y sin embargo, el boletín epidemiológico que Infobea reproduce íntegro advierte que esta reducción podría "desaparecer rápidamente" porque desde la semana 17 hay un "aumento sostenido de notificaciones" que ha llevado la curva a aproximarse "peligrosamente" a la zona de alerta.
Lo que la prensa extranjera no está diciendo, o está diciendo de modo tan técnico que se vuelve invisible, es que Costa Rica vive en un estado de vigilia permanente frente a una enfermedad que, aunque controlada en números absolutos, sigue siendo impredecible. La región del Pacífico Central ya registra 91 casos por cada 100.000 habitantes. Hay 24 casos de dengue con signos de alarma. Las condiciones climáticas aceleran la reproducción del mosquito. El fenómeno de El Niño sigue operando como factor multiplicador.
Pero el encuadre internacional no es el de una amenaza sanitaria latente. Es el de un país que reporta, que tiene sistemas de vigilancia, que comunica. Es decir, es el encuadre de una institución que funciona, aunque sea precariamente. En el contexto más amplio de cómo la prensa extranjera está viendo América Latina en estos días, esto marca una diferencia notable. No es Venezuela con sus sismos y su colapso estatal. No es Perú con su regreso de figuras controvertidas. Es Costa Rica cumpliendo con sus protocolos, actualizando sus boletines, pidiendo a la población que elimine criaderos.
La ironía es que este encuadre "positivo" o al menos "institucional" oculta algo que merece atención: que en América Latina, incluso cuando los sistemas funcionan, la región sigue siendo territorio de riesgos que la prensa extranjera tiende a reportar como fenómenos aislados. El dengue no es una crisis costarricense. Es una realidad regional que afecta simultáneamente a docenas de países, que se expande con el cambio climático, que requeriría una respuesta coordinada que la prensa internacional casi nunca encuadra como tal. En su lugar, cada país reporta sus números, cada capital publica sus boletines, y la cobertura extranjera documenta la suma de esos reportes sin preguntarse por la lógica sistémica que los conecta.
Costa Rica, en este sentido, es casi invisible en la narrativa internacional no porque su situación sea irrelevante, sino porque es demasiado ordenada, demasiado institucional para generar la tensión que la prensa extranjera necesita para convertir un hecho en noticia. Un país que controla su epidemia, aunque sea de modo frágil, no es noticia. Es solo un país funcionando, lo cual, en el contexto latinoamericano tal como la prensa de afuera lo ve, es casi lo más raro que puede ocurrir.