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🇵🇪 Perúmiércoles, 8 de julio de 2026

La prensa internacional ha decidido que Perú es, antes que nada, una lección de literatura. En medio de una coyuntura política que sigue siendo convulsa—prisiones, inestabilidad institucional, ciclos de violencia que no ceden—, Infobae América elige rescatar a César Vallejo y su pregunta de 1919: "¿Hasta cuándo estaremos esperando lo que no se nos debe?"

El gesto es revelador en su propia contradicción. Al elevar a Vallejo como lente para entender el presente peruano, la cobertura extranjera hace algo simultáneamente generoso e insuficiente: reconoce que Perú padece una crisis de dignidad, pero la canaliza hacia la dimensión poética, ensayística, casi atemporal de la cuestión. Vallejo se convierte en diagnóstico universal de la alienación contemporánea, en una especie de profeta cuyas palabras trascienden geografía y época. Y es cierto que lo son. Pero ese mismo movimiento—universalizar el sufrimiento peruano a través de su expresión literaria—permite que la mirada de afuera se sienta cómoda contemplando el problema desde una distancia segura.

El artículo de Infobea es erudito, sensible y bien escrito. Recorre la biografía de Vallejo con cuidado, conecta su obra con su experiencia de explotación y encarcelamiento, y subraya que su pensamiento "nunca fue una militancia de escritorio" sino que "nació de la empatía pura por el dolor ajeno". Hasta aquí, el análisis es sólido. Pero la conclusión hacia la que navega es problemática en su implicación tácita: que lo que Perú necesita hoy es releer a Vallejo, que la pregunta por la espera y la dignidad debe formularse en términos de lazo colectivo y compromiso político, que "siempre nos quedará el lazo colectivo".

Eso es verdad. Pero no es suficiente, y la prensa internacional lo sabe. El hecho de que hoy, en 2025, un medio extranjero recurra a un poema de 1919 para explicar Perú sugiere que poco ha cambiado en la estructura de la opresión que Vallejo denunció. La ironía es que el artículo mismo lo dice sin decirlo: "Cambiando los gramófonos de su época por nuestros algoritmos modernos, la humanidad continúa esperando un mañana que las instituciones postergan". Eso no es nostalgia literaria. Es un reconocimiento de que la crisis peruana es sistémica, que persiste, que se renueva en formas nuevas pero mantiene su núcleo intacto.

Lo que desaparece en este encuadre es la urgencia del presente. No hay aquí análisis de quién gobierna hoy Perú, qué políticas se implementan o se bloquean, cuál es la composición de las fuerzas que compiten por el poder, qué demandas concretas de los trabajadores, indígenas y pobres urbanos quedan sin respuesta. Vallejo se convierte en una brújula moral pero no en una herramienta de diagnóstico político. La pregunta "¿hasta cuándo?" permanece abierta, poética, sin respuesta, porque la respuesta exigiría entrar en el detalle de las instituciones, los conflictos y las decisiones que caracterizan a Perú en este momento.

La prensa internacional, al elegir esta entrada, está haciendo una apuesta: que la dimensión cultural, literaria, existencial del problema peruano es más legible, más universal, menos incómoda que su dimensión política inmediata. Vallejo es seguro. Hablar de Vallejo permite reconocer que Perú sufre sin tener que explicar por qué sigue sufriendo, quién se beneficia de esa estructura de sufrimiento, o qué transformaciones políticas concretas serían necesarias para romperla. Es una forma elegante de documentar la crisis sin intervenir en ella.

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