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🇨🇺 Cubajueves, 9 de julio de 2026

La prensa internacional retorna hoy a Cuba con el apagón como protagonista, pero lo que resulta instructivo es observar cómo encuadra ese fenómeno: no como una consecuencia de decisiones de política energética acumuladas durante décadas, sino como el efecto casi inmediato de una decisión específica de Donald Trump en enero de 2025. El Guardian, que lidera la cobertura, establece una cronología que funciona como narrativa causal simplificada. El bloqueo petrolero es el agente; los apagones son la reacción. Lo anterior queda reducido a una frase de contexto: "The impoverished island was already struggling to keep the lights on."

Esa frase merecería ser el titular. Cuba ya estaba en crisis energética. Su sistema de generación, compuesto principalmente por plantas soviéticas envejecidas, ha sido un problema estructural durante años. Los apagones son anteriores a Trump, más frecuentes desde finales de 2024, pero el encuadre de la prensa extranjera tiende a hacer coincidir la aceleración visible con una causa externa y reciente, lo que tiene la ventaja de la claridad narrativa y la desventaja de la imprecisión histórica.

Lo que sí es nuevo en el relato de hoy es la textura de lo cotidiano. El Guardian no se queda en cifras de megavatios o en declaraciones oficiales. Cita a Meyboll Font, una gestora de redes sociales de 51 años, quien describe vivir con tres o cuatro horas de electricidad diaria y luego enfrenta un apagón total sin saber cuándo volverá la corriente. Cita a un programador joven que no puede trabajar. "Living like this is agony" funciona como titular porque condensa una experiencia que los números no transmiten. Pero también funciona porque personaliza el problema, lo vuelve íntimo, lo convierte en algo que el lector puede sentir en su propia vida.

Ese movimiento tiene consecuencias. Al anclar la narrativa en el testimonio individual, la cobertura tiende a presentar la crisis como una serie de sufrimientos personales más que como un sistema fallido. El bloqueo estadounidense aparece como factor acelerador, pero no como único factor. Sin embargo, la estructura del reportaje—que abre con Trump y el bloqueo en el segundo párrafo—establece una jerarquía de causalidad que puede resultar engañosa para quien no conoce el historial energético cubano.

El dato de que desde enero Washington ha permitido que solo un buque petrolero ruso atraque en Cuba es preciso y verificable. El dato de que el apagón de ayer fue el octavo desde finales de 2024 también lo es. Pero la pregunta que la prensa extranjera no formula con claridad es esta: ¿cuántos de esos ocho apagones habrían ocurrido sin el bloqueo de Trump? La respuesta probablemente es "varios," pero el encuadre actual tiende a sugerir que la crisis energética es principalmente una consecuencia de las decisiones de Washington en 2025, cuando en realidad es el resultado de décadas de inversión insuficiente, infraestructura obsoleta y una economía que nunca ha podido financiar la transición que otros países caribeños han logrado.

Lo que la cobertura sí captura bien es la desesperación presente. El gobierno ha invertido en energía solar, pero esta representa apenas el 10% de la mezcla energética. No hay solución rápida visible. Y para millones de cubanos, la pregunta no es de qué es culpa la crisis, sino cuándo termina. En eso, al menos, la prensa internacional acierta: en que no hay respuesta clara.

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