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🇨🇷 Costa Ricadomingo, 12 de julio de 2026

La prensa extranjera que hoy se detiene en Costa Rica lo hace desde un ángulo que revela una tensión incómoda: la de un país que la narrativa internacional ha construido como oasis de estabilidad democrática enfrentándose a una violencia que no encaja en ese relato. Infobae América reporta dos homicidios en menos de veinticuatro horas, uno en Purral de Goicoechea y otro en San Rafael de Siquirres, con una minuciosidad que contrasta con la forma en que los medios extranjeros han solido tratar a Costa Rica: como un caso de excepción centroamericana, un país donde esas cosas no suceden con regularidad.

Lo revelador no es que haya violencia, sino cómo se enmarca. El texto de Infobea proporciona detalles operativos precisos: la hora del reporte al 9-1-1, los protocolos de la Cruz Roja, el despliegue del Organismo de Investigación Judicial, los análisis balísticos en curso. Es el lenguaje de la normalización institucional de lo anómalo. Las autoridades, según se cita, "no han descartado ninguna hipótesis" y mantienen "canales abiertos para recibir información". El mensaje implícito es que esto se está gestionando, que hay procedimientos, que hay Estado.

Pero hay algo más en los titulares de hoy que merece atención. Mientras Infobea dedica espacio a estos homicidios, también reporta sobre El Niño elevando riesgos de golpe de calor, sobre lluvias y tormentas eléctricas, sobre bajas en el precio de la gasolina, sobre una evacuación exitosa de adultos mayores en un incendio de asilo, y sobre una competencia nacional de ciberseguridad. El panorama que emerge es el de un país donde coexisten normalidades: la de la gestión pública, la de los riesgos climáticos, la de la infraestructura de seguridad. La violencia no aparece como una ruptura civilizatoria sino como un incidente más en la agenda del día.

Esto es, paradójicamente, lo más revelador del encuadre extranjero. No dramatiza. No sugiere que Costa Rica está "cayendo" o que su excepcionalidad se desmorona. Simplemente la coloca en el mismo plano que cualquier otro país: un lugar donde ocurren cosas, donde las instituciones responden, donde hay procedimientos. La prensa internacional, al normalizar la violencia costarricense sin abandonar su tono de administración de hechos, está ejecutando un cambio silencioso en cómo representa a Costa Rica. Ya no es el país donde no pasa nada. Es un país donde pasan cosas, y se manejan.

Esa transformación del relato internacional merece ser nombrada. No porque sea falsa, sino porque es más honesta que la mitología anterior. Y porque sugiere que la prensa extranjera ha comenzado a leer a Costa Rica con los mismos parámetros con los que lee al resto de América Latina: como una democracia frágil que funciona, pero que funciona bajo presión.

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