La entrega de credenciales a Keiko Fujimori cierra formalmente un ciclo electoral que la prensa internacional ha seguido como si fuera un acertijo sin solución clara. France 24, en su cobertura de hoy, marca el momento en que la turbulencia deja de ser el asunto central y se convierte en el contexto. El énfasis está en el cierre, en el acto administrativo que transforma la contienda en gobierno.
Pero ese cierre es engañoso, y la prensa extranjera parece saberlo. Llamar turbulento a un proceso electoral es una forma de decir que sus reglas no fueron claras, que sus resultados no fueron incuestionables, que la legitimidad quedó en suspenso. Sin embargo, los procedimientos avanzan. Las credenciales se entregan. El sistema institucional sigue su curso como si la turbulencia fuera un detalle, una perturbación superficial que no toca el funcionamiento de fondo.
Lo que France 24 deja implícito es más interesante que lo que dice: Perú ha elegido cerrar un proceso que nadie está completamente seguro de haber entendido. La prensa internacional ha pasado meses tratando de leer en los números electorales, en las acusaciones de fraude, en los cambios de posición de los actores políticos, alguna lógica coherente. Ahora, con la entrega de credenciales, esa búsqueda termina porque la realidad administrativa es más fuerte que la incertidumbre política. Fujimori gobierna, aunque la pregunta sobre si debería gobernar siga flotando en el aire.
El término turbulento, usado para describir el proceso completo, es la forma que tiene la prensa extranjera de reconocer que Perú ha llegado a un resultado sin haber resuelto las preguntas que lo hicieron posible. Y eso, paradójicamente, es lo que permite que la vida política continúe.