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🇵🇾 Paraguaymartes, 21 de julio de 2026

La prensa internacional descubre hoy en Paraguay un dilema que hasta hace poco parecía secundario: la geografía como castigo económico. El reclamo del presidente Santiago Peña ante el Mercosur por una participación equitativa en las cuotas de exportación hacia la Unión Europea introduce un argumento que la cobertura extranjera había dejado de lado, más preocupada por cifras de superávit y narrativas de vulnerabilidad cibernética. Ahora emerge una variable incómoda: el costo de no tener salida al océano.

Infobae América, el medio que monopoliza la cobertura sobre Paraguay en la región, presenta el reclamo con una precisión que merece atención. Peña es citado directamente: "Cada contenedor que sale del Paraguay carga con cientos de kilómetros y un sobrecosto que ningún otro país paga". La frase es clara, casi brutal en su simplicidad. Y es difícil refutarla. Paraguay y Bolivia son efectivamente los únicos países sin litoral en América del Sur, un hecho geográfico que la prensa internacional tiende a mencionar con la solemnidad de una rareza antropológica, pero rara vez como un problema económico estructural que demanda soluciones dentro de un bloque comercial.

Lo notable es que Peña está planteando una reclamación que no es nueva —la desventaja logística de ser mediterráneo es tan vieja como Paraguay—, pero la está enmarcando como una cuestión de justicia dentro de un acuerdo que acaba de cerrarse. El Mercosur-UE, según Infobea, crea una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con más de 700 millones de consumidores. Paraguay votó a favor. Pero ahora, mientras el bloque celebra, el país reclama que esa equidad sea más que un slogan.

La prensa extranjera está viendo esto de dos maneras simultáneamente. Por un lado, como un acto de negociación legítima: un país pequeño dentro de un bloque grande pidiendo que se reconozcan sus limitaciones geográficas. Por el otro, como una señal de que el acuerdo con la UE, aunque histórico después de 25 años de negociaciones, llega incompleto, con sus ganadores y sus perdedores ya identificados antes de que empiece a funcionar realmente.

Lo que la cobertura no está diciendo, pero que flota bajo la superficie, es que Paraguay está exponiendo una verdad incómoda sobre los bloques comerciales: que la equidad formal no garantiza equidad real. Que firmar un tratado es fácil. Que asegurar que todos ganen es imposible. Peña insiste en que su posición no es inflexible, que Paraguay fue flexible cuando cerró el acuerdo. Ahora pide que otros sean flexibles también. Es una apelación a la reciprocidad que la prensa internacional está registrando, pero sin todavía evaluar si tiene posibilidades reales de prosperar o si es simplemente el primer acto de una negociación que durará meses.

Lo que sí queda claro es que Paraguay ha dejado de ser noticia por lo que produce y ha empezado a serlo por lo que le falta: no solo infraestructura de salida, sino poder de negociación dentro de un Mercosur donde Argentina, Brasil y Uruguay tienen voz más fuerte. La prensa extranjera está viendo esto como un problema de pequeñez, no como un problema de justicia. Esa diferencia de encuadre es todo.

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