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🇵🇦 Panamáviernes, 24 de julio de 2026

La prensa extranjera que hoy reporta sobre Panamá ha decidido enfocar la mirada en una provincia donde la violencia sigue siendo un problema de orden estructural, pero donde la narrativa que construye desde afuera introduce una ambigüedad que merece examinarse con cuidado. Infobae América publica sobre los 56 homicidios en Colón durante 2026, y en ese relato hay un encuadre que revela menos sobre la realidad panameña que sobre los límites de cómo la prensa internacional elige narrar la violencia en territorios donde coexisten síntomas de colapso y signos de resistencia institucional.

El dato principal es claro: Colón es la segunda provincia más letal de Panamá, solo después de la provincia de Panamá. Entre enero y abril de 2026, acumuló 32 víctimas, lo que representó el 16,6% del total nacional en ese período. La cifra es grave, pero aquí comienza el matiz que la cobertura extranjera tiende a oscurecer. Infobae reporta que entre enero y abril hubo una caída del 14% en homicidios respecto al mismo período de 2025, cuando se registraron 37 víctimas. Es decir, la violencia sigue siendo letal, pero está bajando. La prensa extranjera menciona esta disminución, pero la coloca en un párrafo tardío, casi como una corrección menor a un relato que ya ha sido establecido como crisis. El efecto narrativo es que el lector retiene la imagen de una provincia fuera de control más que la de una provincia donde algo está funcionando, aunque de manera insuficiente.

Lo que la cobertura extranjera acierta es en identificar los actores y los mecanismos: bandas organizadas, narcotráfico, control territorial, armas de fuego como instrumento predominante (85,5% de los crímenes). El Ministerio de Seguridad Pública, bajo Frank Ábrego, ha articulado una respuesta que incluye despliegue policial, investigaciones judiciales y un llamado a la colaboración comunitaria. El alcalde Diógenes Galván solicita una mesa de trabajo permanente. Hay, en otras palabras, una arquitectura de respuesta institucional que existe y está en movimiento.

Pero la prensa extranjera tiende a leer esta arquitectura como insuficiente, como un Estado que reacciona pero no previene. Y aquí está el punto ciego del encuadre: Infobae menciona de pasada que el contexto social de Colón está marcado por la desigualdad y la falta de oportunidades, y que estas condiciones favorecen el surgimiento de estructuras criminales. Pero no desarrolla esa línea. No pregunta cuáles son esas oportunidades que faltan, cuál es el alcance de esa desigualdad, qué políticas de prevención existen o no existen. El relato se queda en el nivel de la reacción policial y judicial, que es necesaria pero claramente insuficiente para explicar por qué la violencia persiste.

Lo más revelador es quizás lo que no aparece en los titulares de hoy. Mientras Colón sufre, Panamá continúa siendo un destino de turismo de compras para costarricenses, y algunos jóvenes panameños aceptan ir a la guerra en Rusia sin avisar a sus familias. El país existe en múltiples velocidades simultáneamente: hay una Panamá de conectividad y consumo, y hay una Panamá de violencia territorial y ausencia de futuro. La prensa extranjera reporta estos hechos como hechos separados, sin preguntarse si la existencia de ambos es síntoma de una fractura más profunda en cómo el Estado panameño distribuye seguridad, oportunidad y presencia.

El encuadre extranjero sobre Colón, en suma, es técnicamente competente pero narrativamente incompleto. Documenta la crisis, reconoce los esfuerzos institucionales, pero no interroga las causas estructurales ni las consecuencias de una respuesta que, aunque existe, claramente no está siendo diseñada a la escala que el problema exige. Panamá no es un país sin Estado. Es un país donde el Estado está presente de formas muy desiguales, y esa desigualdad es lo que la prensa extranjera ve pero raramente nombra como el verdadero problema.

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