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🇵🇪 Perúmiércoles, 29 de julio de 2026

La prensa internacional presenta hoy un hecho consumado: Keiko Fujimori ha asumido la Presidencia de Perú. Los titulares, abrumadoramente de France 24 y El País América, comparten un encuadre que es menos una noticia que un diagnóstico. La recurrencia de preguntas retóricas —"¿podrá gobernar un país polarizado?"; "¿qué rumbo tomará el dividido Perú?"— revela que la cobertura extranjera aborda este acontecimiento no como un inicio, sino como la resolución de una incógnita que venía gestándose desde hace años. El énfasis en que "la cuarta sí es la vencida" sugiere una narrativa de persistencia y desgaste: la prensa internacional ha seguido a Keiko Fujimori como a una candidata perpetua, y hoy cierra ese ciclo con una mezcla de alivio narrativo y escepticismo analítico.

Lo que subraya esta cobertura es la percepción de que Perú entra en un experimento político definido por la simultaneidad de promesas y advertencias. Por un lado, se reporta una agenda de "mano dura" en seguridad, obras públicas y ayudas estatales contra la desigualdad. Por otro, se insiste en la polarización y en la sombra de un apellido que, para la prensa extranjera, pesa más que cualquier programa. La ironía de fondo es sutil pero constante: la misma narrativa que celebra la perseverancia de Fujimori ("la cuarta sí es la vencida") es la que siembra dudas sobre su capacidad de gobernar. La prensa extranjera no parece creer del todo en el desenlace que ella misma reporta.

El encuadre extranjero omite, deliberadamente o por limitación de recursos, el detalle del proceso político que condujo a esta asunción. No hay titulares sobre la fragmentación del Congreso, sobre las alianzas posibles o sobre la oposición real. En su lugar, la cobertura construye un escenario casi mítico: el regreso del fujimorismo como una fuerza casi telúrica que vuelve a ocupar el centro del poder. Este tratamiento, al privilegiar la continuidad sobre el cambio, simplifica una realidad donde la gobernabilidad dependerá de acuerdos concretos que la prensa extranjera, por ahora, apenas menciona. Perú es presentado como un país que repite su historia, no como uno que negocia su futuro. Esa mirada, siendo potente, corre el riesgo de volverse perezosa.

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