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🇨🇷 Costa Ricamiércoles, 5 de agosto de 2026

La prensa internacional que hoy se detiene en Costa Rica lo hace ante un acto de poder que, sin embargo, no se presenta como tal. Infobae América documenta un paquete legislativo de envergadura considerable impulsado por el oficialismo: cambios en la elección de magistrados, reorganización del Poder Judicial, ampliación de causales de extradición, regulación de dispositivos de conducción eléctrica, restricciones a beneficios legales para prófugos. El encuadre del medio no es el de una administración que avanza sobre instituciones rivales, sino el de una confrontación donde ambos bandos reclaman legitimidad y donde el Poder Judicial aparece como un obstáculo que debe ser rediseñado.

Lo que resulta revelador en la cobertura de Infobea es lo que subraya y lo que omite. Subraya que la presidenta Fernández había calificado como "golpe de Estado" una resolución de la Sala Constitucional apenas días antes de que su bancada presentara este paquete. La ironía está ahí, pero el medio no la explicita con dureza. En su lugar, reproduce con cierta neutralidad las justificaciones del oficialismo: que los magistrados deben dedicarse a impartir justicia, no a administrar; que la etapa preliminar de selección de candidatos genera dudas sobre transparencia; que la ampliación de causales de extradición responde a una agenda de seguridad previamente anunciada.

Lo que omite es igualmente instructivo. No hay en el artículo principal una voz del Poder Judicial explicando por qué la transferencia de funciones administrativas y disciplinarias al Consejo Superior podría debilitar la independencia de la Corte Suprema. No hay análisis de cómo la eliminación de la participación de la Corte en la selección de magistrados altera el equilibrio de poderes que Costa Rica ha mantenido durante décadas. No hay contexto sobre qué significa que una bancada minoritaria necesite 38 votos para reformas constitucionales y, según el propio artículo, aún no haya iniciado negociaciones formales con la oposición.

El encuadre que emerge es el de una administración que actúa con urgencia y ambición legislativa frente a un Poder Judicial que bloquea su agenda. Esa narrativa no es falsa, pero es parcial. Convierte un conflicto institucional profundo en un problema de eficiencia administrativa: los magistrados están demasiado ocupados, la selección de candidatos es opaca, hay que modernizar. El medio internacional, al reproducir ese lenguaje sin cuestionarlo en profundidad, termina legitimando una lógica donde la concentración de poder en la rama ejecutiva aparece como reforma técnica necesaria, no como reconfiguración del Estado.

Lo más notable es que Infobae América publica simultáneamente que organizaciones sociales convocan a un plantón en defensa de la democracia y las instituciones públicas, y que el oficialismo impulsa reformas para cambiar el Poder Judicial. Ambas noticias ocupan su espacio, pero el medio no las conecta. No pregunta qué ven esas organizaciones en el paquete legislativo que justifique su movilización. No explora si existe una lectura costarricense de estos cambios que difiera de la que ofrece el gobierno.

La prensa extranjera que hoy se detiene en Costa Rica, entonces, ve un país donde el ejecutivo intenta resolver problemas reales de seguridad y eficiencia judicial mediante reformas de gran calado. Lo que no ve, o ve sin relieve, es que esas reformas ocurren en medio de una crisis de confianza entre poderes, y que la urgencia con la que se presentan puede ser síntoma de que el diálogo institucional ha colapsado. El encuadre es técnico donde debería ser político. Y esa diferencia de perspectiva es, precisamente, lo que define cómo el mundo exterior entiende lo que está sucediendo en Costa Rica.

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