Cuatro titulares de Infobae América resumen hoy el Panamá que la prensa extranjera quiere contar: un caso de corrupción contra un exvicepresidente, el regreso de cinco ciudadanos que estuvieron en Rusia envueltos en el reclutamiento para la guerra, una detención confirmada por fraude fiscal de cuarenta millones de dólares y la subida del diésel. No hay ningún atractivo turístico, ningún gran proyecto de infraestructura, ninguna postal del Canal. La mirada de afuera ha elegido, al menos por hoy, el reino de las noticias duras. Eso, en sí mismo, es un encuadre: Panamá ya no es el país del tránsito y las oportunidades, sino un lugar donde el Estado se juega algo —la credibilidad, la legitimidad, el control— en varios frentes simultáneos.
El artículo central es el de José Gabriel Carrizo. Pero vale la pena leerlo con cuidado, porque el encuadre no es exactamente lo que parece. La prensa internacional no está informando de una condena, ni siquiera de una acusación formal: informa de un trámite procesal. La Fiscalía Anticorrupción cerró la investigación y debe ahora presentar un escrito de acusación, un paso más en un laberinto judicial que aún no define si habrá cargos concretos contra el exfuncionario. Lo que para algunos medios es un escándalo consolidado, para otros es solo un expediente en movimiento, donde la presunción de inocencia sigue vigente.
Este enfoque no es casual. La prensa extranjera, especialmente la de países con sistemas judiciales más garantistas, suele destacar los procesos en curso como si fueran hechos consumados, amplificando el ruido sobre lo que aún no está cerrado. En Panamá, donde el sistema de justicia enfrenta críticas por su lentitud y opacidad, estos titulares refuerzan una narrativa de desconfianza hacia las instituciones, sin importar si al final los casos se desvanecen o prosperan. Así, el país se convierte en un ejemplo de los riesgos de la corrupción, pero rara vez en un caso de estudio sobre cómo se investiga o se resuelve.
Lo paradójico es que, mientras la prensa internacional pinta a Panamá como un foco de irregularidades, el mismo país sigue siendo un hub logístico clave, con un crecimiento económico que contrasta con la imagen de decadencia que proyectan las noticias. Pero el periodismo, cuando elige el sensacionalismo sobre el contexto, termina por distorsionar la realidad en lugar de explicarla.