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🇩🇴 República Dominicanasábado, 8 de agosto de 2026

La prensa internacional que hoy enfoca a República Dominicana parece haber encontrado, por fin, un tema que no se resuelve en la dicotomía entre el desastre ambiental o el folclore del crimen y el éxito individual. El litigio constitucional que busca suspender la prohibición de publicar sondeos electorales hasta 2027, impulsado por Justicia Sin Fronteras ante el Tribunal Constitucional, revela algo más incómodo que un simple conflicto de competencias entre poderes: expone el riesgo de que un órgano electoral, por vía reglamentaria, se arrogue facultades legislativas para acotar derechos fundamentales. La maniobra no es menor. Según el medio local Diario Libre, citado en el reportaje de Infobae América, la controversia ya ha derivado en sanciones administrativas contra firmas encuestadoras, lo que subraya el carácter urgente que ahora reclaman los demandantes.

Lo que más sorprende en este encuadre extranjero no es la existencia de la norma en sí —que prohíbe difundir encuestas electorales hasta el primer domingo de julio de 2027—, sino el argumento central que la desmonta: la JCE habría excedido su mandato al extender una restricción que, según la Ley 20-23, solo debería regir durante los ocho días previos a la votación. La organización Justicia Sin Fronteras, representada por Harrison Feliz, sostiene en su recurso que el artículo 216 de esa ley ya delimita con claridad el alcance temporal de la prohibición, y que cualquier ampliación por vía reglamentaria constituye una usurpación de facultades. La cita incluida en el texto es contundente: el legislador no dejó un vacío susceptible de ser colmado discrecionalmente por la JCE. Aquí, la prensa internacional no está contando una historia de corrupción o de impunidad, sino de un posible abuso de poder institucional disfrazado de celo electoral.

Lo que omite, o al menos no enfatiza, este relato es el contexto político en el que se inscribe la norma. La prohibición de publicar sondeos hasta 2027 no surge en el vacío, sino en un año preelectoral donde la transparencia en la información pública suele ser vista como un riesgo por quienes detentan el poder. La JCE, al aprobar el reglamento el 22 de mayo de 2026, podría estar respondiendo a presiones para evitar que los resultados de encuestas tempranas alteren el clima político antes de las elecciones. Sin embargo, ese trasfondo no aparece en el texto de Infobae América, que se centra en el conflicto jurídico y en los derechos vulnerados, dejando en penumbra las motivaciones prácticas detrás de la medida.

Lo que sí queda claro es que, por una vez, la mirada extranjera no se detiene en el turismo, la inseguridad o los desastres naturales para retratar a República Dominicana. En su lugar, elige un tema que, aunque técnico, toca fibras sensibles en cualquier democracia: la libertad de expresión y el equilibrio de poderes. El Tribunal Constitucional tendrá la última palabra, pero el episodio ya deja una enseñanza incómoda: incluso en un país donde la prensa suele ser más vigilante de los escándalos que de los procedimientos, la tentación de controlar la información persiste. Y en eso, República Dominicana no es una excepción, sino un espejo.

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