La prensa extranjera mira hoy a Venezuela con el gesto de quien cierra un libro y comprueba que la última página confirma la primera. El País América narra la libertad plena de María Lourdes Afiuni como el desenlace de un expediente que, según su propio relato, fue mucho más que un caso judicial: fue la primera bandera de alerta sobre la pérdida de independencia del poder judicial y la vocación autoritaria del chavismo. Hay en ese encuadre una operación de memoria que conviene examinar, porque no habla del presente venezolano, sino del origen de un mal que la mirada extranjera lleva años diagnosticando.
Lo primero que llama la atención es el tiempo verbal del titular: "obtiene libertad plena". No es una liberación que abra preguntas, sino una que cierra un ciclo. El artículo no se detiene en lo que viene después para Afiuni, ni en lo que su caso implica para el sistema judicial que la retuvo durante más de dieciséis años. El foco está en el símbolo: una de las primeras presas políticas del chavismo, un nombre que levantó alertas cuando aún era posible pensar que se trataba de un exceso aislado. La prensa extranjera convierte a Afiuni en la pieza fundacional de una narrativa que hoy, con el país en otras crisis, parece necesitar un ancla en el pasado.
Esa necesidad es reveladora. El encuadre de El País y otros medios no solo simplifica la complejidad de Venezuela, reduciéndola a una sucesión de símbolos de represión, sino que ignora los matices de un conflicto que trasciende la figura de Hugo Chávez y se extiende hasta hoy. Cuando se insiste en que el chavismo fue un proyecto desde sus inicios marcado por la autocracia, se omite que el país vivió décadas de democracia formal antes de 1999, con sus luces y sombras, y que la crisis actual es el resultado de un entramado de factores políticos, económicos y sociales que no pueden resumirse en un solo relato. La prensa extranjera, al priorizar el drama sobre el análisis, termina por ofrecer una versión reduccionista de Venezuela, donde cada noticia reciente se lee como la confirmación de un guion escrito hace más de dos décadas.