La prensa extranjera que hoy se detiene en Costa Rica ofrece, de un solo vistazo, dos catálogos que rara vez se cruzan. La pieza principal, dedicada al encuentro ACELERA Costa Rica 2026, dibuja un país que convoca a sus élites productivas para pensar el futuro de las pymes. Los titulares que la rodean dibujan otro: un país donde 2.300 personas duermen en las calles de la capital, donde los alimentos suben hasta 158,93% en un año, donde 18 mil motociclistas resultaron lesionados en seis meses y donde se descubren furgones con compartimentos ocultos para el contrabando de cigarrillos. La mirada de afuera no miente en ninguno de los dos cuadros. Pero al presentarlos por separado, sin hilo que los cosa, produce un efecto de esquizofrenia informativa que conviene examinar.
Infobae América, la fuente que hoy concentra la cobertura del país, recoge con fidelidad de gaceta empresarial el propósito del evento organizado por BNI Costa Rica. El dato central es elocuente: las pymes representan el 98% del parque empresarial costarricense. Esa cifra, dicho sea de paso, es la misma que se repite en decenas de países de la región, donde las pequeñas empresas son a la vez la promesa de la economía y el receptáculo de todas sus vulnerabilidades. El encuentro promete sentar en una misma mesa al Gobierno, a la banca estatal y privada, a los grandes compradores y a los pequeños proveedores. Los paneles tienen nombres de manual de competitividad: internacionalización, financiamiento, encadenamientos productivos, inteligencia artificial. El director nacional de BNI, Steven Carvajal Ruffley, asegura que la iniciativa busca que los participantes salgan con algo más que ideas, con relaciones que se conviertan en alianzas estratégicas, nuevos clientes o proyectos conjuntos.
Nada de lo anterior es objetable. Pero el editorialista observa que este encuadre, en el que Costa Rica aparece como un laboratorio ordenado de diálogo público-privado, contrasta de manera casi violenta con el resto de la información que el mismo medio publica hoy. Mientras los empresarios discuten cómo acceder a cadenas globales de valor, los titulares vecinos informan que el alcalde de San José pide ayuda urgente a la presidenta porque hay 2.300 personas en las calles. Mientras se anuncia la compra de medicamentos por 506 millones de dólares para 2026, otro titular recuerda que hay más de 18 mil motociclistas lesionados en el primer semestre. Los productos agrícolas que encarecen a los consumidores son, muy probablemente, los mismos que producen buena parte de esas pymes que se quiere internacionalizar.
Lo que la prensa extranjera omite, o al menos no articula explícitamente, es la relación entre ambos registros. Los obstáculos que el evento se propone derribar —acceso al crédito, capacidad exportadora, incorporación tecnológica— no son fallas de ingeniería empresarial: son síntomas del entorno macroeconómico que los demás titulares retratan. Una pyme no se internacionaliza mejor porque un panel lo recomiende si el costo de sus insumos se dispara como refleja el aumento de 158,93% en productos agrícolas. La banca puede ofrecer líneas de crédito, pero difícilmente sustituirá la demanda efectiva de una población golpeada por la inflación, ni resolverá los problemas estructurales que convierten a las calles de San José en un dormitorio improvisado. Costa Rica no es un país de dos caras, sino un mismo territorio donde las promesas de progreso y los dramas sociales conviven en la misma realidad, y es responsabilidad de la prensa mostrar esa conexión sin fragmentarla.