La visita del secretario de Guerra estadounidense Pete Hegseth a Panamá, su segunda en menos de un año, llega envuelta en un reencuadre que la prensa extranjera registra con claridad: el enemigo ya no se llama China, al menos no en los titulares. Infobae América subraya que el discurso público del funcionario se ha desplazado de la confrontación con Pekín a una ofensiva hemisférica contra los cárteles, y ese desplazamiento dice tanto de Washington como de la forma en que Panamá es vista desde fuera. El país que hace un año aparecía en la prensa internacional como escenario de una disputa geopolítica por el Canal —con un Hegseth prometiendo "recuperar" la vía de la influencia china— hoy es presentado como un socio de seguridad regional, un eslabón en la Coalición de las Américas contra los cárteles, un anfitrión de ejercicios militares. La diferencia no es menor: de objeto de preocupación estratégica, Panamá pasa a ser sujeto de una alianza operativa.
El propio relato de Infobae documenta el giro con el contraste entre las dos visitas. En abril de 2025, China ocupaba el centro de cada declaración estadounidense sobre el Canal; ahora, la agenda pública de Hegseth se concentra en los cárteles, el narcotráfico, la migración irregular y el ejercicio PANAMAX 2026, con la protección de la vía interoceánica como telón de fondo explícito pero no exclusivo. Esa reubicación del énfasis convierte a Panamá en un actor de la estrategia regional de Washington, y no en un tablero de la rivalidad entre potencias. El matiz importa, porque cambia el encuadre: el país ya no es noticia por una amenaza externa que lo acecha, sino por su colaboración en una causa compartida. La prensa extranjera, al reproducir los mensajes de Hegseth agradeciendo a Mulino por su liderazgo y calificando a Panamá de "importante aliado", transmite una imagen de normalidad bilateral que contrasta con la tensión retórica del año pasado.
Pero bajo esa superficie de cooperación, el artículo de Infobae deja ver un matiz que el lector atento no debería pasar por alto. Mulino, según el texto, manifestó una valoración positiva de la cooperación estadounidense "pero volvió a introducir un elemento que Panamá ha considerado fundamental: el respeto a la soberanía". Esa frase, casi testimonial en el relato del medio, es la advertencia que el Gobierno panameño intercala cada vez que Washington sube el volumen de su presencia militar en la región. El propio artículo recuerda que los acuerdos suscritos tras la primera visita no implican bases militares permanentes, una precisión que el Ejecutivo panameño repite como una fórmula defensiva. La prensa internacional lo registra, lo consigna, pero no lo convierte en titular. Prefiere el gesto de Hegseth, la bienvenida a Colombia a la coalición, el entrenamiento en operaciones de selva. La soberanía queda como una nota al pie, una cortesía retórica del mandatario panameño que no estorba la narrativa principal de alianza y deber compartido.
El otro titular del día, escueto pero revelador, ofrece un contraste que esta misma prensa no busca: mientras el secretario de Guerra aterriza en Panamá para hablar de cárteles y seguridad del Canal, los empresarios panameños dicen que la banca podría impulsar más inversión y empleo pero que el crédito sigue estancado. Esa noticia, que Infobae publica en la misma página temática, dibuja un país que camina en dos temporalidades distintas. Una, la que interesa a Washington, es la de un aliado estratégico que protege una vía de comercio mundial y combate el narcotráfico. Otra, la que viven los agentes económicos locales, es la de un crédito que no fluye, una inversión que no despega y un empleo que no termina de concretarse. La mirada extranjera privilegia la primera con naturalidad, porque los cárteles y el Canal son sus coordenadas. Pero al hacerlo, ofrece una versión de Panamá donde lo que ocurre dentro de sus fronteras importa menos que lo que ocurre con ellas.
Esta segunda visita de Hegseth, tal como la narra Infobae, es entonces un ejemplo casi perfecto de cómo el encuadre extranjero construye a Panamá a la medida de la agenda que lo visita. El país es noticia porque es útil para una estrategia, no porque sea interesante en sí mismo. La prensa internacional no se pregunta qué significa, en términos de desarrollo nacional, que su relevancia pase por ser un peón en el tablero ajeno.