La noticia económica que la prensa internacional elige contar sobre Costa Rica esta semana tiene una virtud que no siempre acompaña al periodismo de inversión: la honestidad del contraste. Infobae América publica, en el mismo servicio, dos titulares que parecen pertenecer a países distintos. Uno informa que la inversión extranjera directa creció 23.4% en el primer semestre, hasta USD 2.739,6 millones, impulsada por el régimen de zona franca. El otro enumera las multinacionales que se fueron: Intel, Viant, Amazon, Microsoft, Boston Scientific, Western Union, más los recortes de TicoFrut, Heineken, GSK y Mondelēz. Entre ambos textos hay más de 6.000 empleos perdidos en tres años y 157.000 desempleados entre junio y agosto, casi 20.000 más que un año antes. La tasa de desocupación pasó de 6.0% a 6.7%. El país que atrae capital y el país que despide trabajadores son el mismo, y el encuadre externo, por una vez, no elige uno para tapar al otro.
El detalle importa porque el relato habitual sobre Costa Rica en la prensa de afuera suele resolverse en una de dos caricaturas: el paraíso verde de la estabilidad centroamericana o el laboratorio del desastre climático. Esta vez, Infobae América se detiene en la letra menuda de la desinversión y deja que las cifras hablen sin épica. Intel cerró su planta de ensamble y prueba en San Antonio de Belén y trasladó esas funciones a Asia, con al menos 1.500 despidos. Western Union confirmó la reducción de su centro de operaciones y el traslado de puestos a Guatemala, Lituania y Filipinas, con más de 1.000 empleos en riesgo durante los próximos doce meses. Boston Scientific, que opera desde 2004 y genera unos 10.000 empleos en Alajuela, Heredia y Cartago, aprobó un plan de reestructuración global para ahorrar USD 500 millones en tres años. No es una crisis de confianza en el país; es una reorganización corporativa mundial que Costa Rica paga en planilla local. La distinción, que el artículo recoge con cuidado, es la que suele perderse cuando el titular solo dice "multinacionales se van".
Lo genuinamente nuevo del material no está, sin embargo, en la lista de salidas, sino en el matiz que introduce el Banco Central. Róger Madrigal, su presidente, declaró a El Financiero que los datos no permiten hablar todavía de un deterioro generalizado del mercado laboral, reconoció la pérdida de unos 1.600 empleos en zonas francas desde enero y añadió una observación que el encuadre internacional suele omitir: algunas empresas salen mientras otras llegan, y las decisiones de largo plazo podrían depender de definiciones arancelarias aún pendientes. La economista Roxana Morales, de la Universidad Nacional, aporta el desglose sectorial que desmiente la lectura uniforme: el sector manufacturero perdió 29.857 empleos y el financiero 18.650 en el último año, pero comercio y reparaciones sumaron 47.942 puestos y educación y salud, 33.835. Es decir, el mercado laboral costarricense no se está contrayendo: se está reacomodando, con pérdidas concentradas en empleo formal de exportación y ganancias en servicios internos, muchos de ellos de menor productividad y salario. Esa es la historia que el titular de "multinacionales que salieron" no alcanza a contar, y que Infobae América, al citar a Madrigal y a Morales, al menos deja entrever.
El dato que la prensa extranjera subraya menos, y que merece más atención que la que recibe, es el de la caída del tipo de cambio real frente a costos expresados en dólares. Los analistas citados por La Nación atribuyen la pérdida de rentabilidad de las operaciones locales al costo de las planillas, a la disponibilidad de talento técnico especializado, a las limitaciones de infraestructura eléctrica, vial y logística y, sobre todo, al tipo de cambio. Costa Rica se ha vuelto cara en dólares para producir lo que exporta. Ese es un problema estructural que ninguna campaña de atracción de inversión resuelve por sí sola, y que el crecimiento de la IED —impulsado, según Procomer, por aportes del propio régimen de zona franca— puede estar midiendo con retraso: el capital que entra hoy responde a decisiones tomadas antes de que el diferencial cambiario se volviera evidente. El índice mensual de actividad económica para zonas francas ya muestra desaceleración desde julio de 2025. La inversión extranjera directa es un indicador de confianza rezagada; la planilla es un indicador de realidad presente.
Hay un silencio que conviene señalar. En el mismo servicio informativo, Infobae América informa sobre nuevas rutas aéreas desde Austin y Nashville hacia Guanacaste, el debut del barítono Kevin Godínez en La Scala de Milán, el nombramiento de Ana Elena Pinto como canciller tras la destitución de Manuel Tovar, la negación de Laura Fernández sobre un empresario requerido por Estados Unidos que estuvo en su celebración electoral, la prisión preventiva de cuatro hijos de alias "Pecho de rata" y el impacto de El Niño en las cosechas de granos. Es un retrato completo de un país normal, con su turismo, su cultura, su política y su crimen organizado. La noticia económica no flota en el vacío: convive con un país que sigue funcionando, que exporta talento y que atrae visitantes. El encuadre externo, esta vez, no ha elegido el apocalipsis ni la postal. Ha elegido, quizá sin proponérselo, la complejidad. Es un avance modesto, pero es un avance.