Hay días en que la prensa extranjera no tiene nada que decir sobre Paraguay, y lo dice de la manera más elocuente posible: no mencionándolo. Hoy es uno de esos días. El único titular que el sistema de seguimiento atribuye a la sección Paraguay proviene de El País América y no trata sobre Paraguay. Se titula «Cinco claves para enseñar a los hijos a ser coherentes entre lo que dicen y hacen» y es un artículo de la sección de crianza del diario español, sin dateline asunceno, sin fuente guaraní, sin mención alguna al país. Que ese texto aparezca bajo la etiqueta Paraguay no revela un interés renovado por la actualidad paraguaya, sino una verdad más incómoda: cuando no hay noticia, el algoritmo rellena el silencio con lo que encuentra, y lo que encuentra es un consejo parental genérico que podría publicarse en Montevideo, en Madrid o en Ciudad de México sin cambiar una coma.
Vale la pena detenerse en la naturaleza de ese texto, porque su presencia involuntaria en el casillero paraguayo dice algo sobre cómo funciona la mirada externa. El artículo reflexiona sobre la coherencia personal, sobre la distancia entre lo que se dice y lo que se hace, y propone cinco claves para enseñar esa virtud a los hijos. Es un texto razonable, bienintencionado, sin ningún anclaje territorial. No hay en él una sola referencia a Paraguay, ni a su sistema educativo, ni a sus familias, ni a sus índices de pobreza infantil, ni a su realidad bilingüe, ni a la migración de sus jóvenes. El País América lo publica para su audiencia hispanohablante amplia, y en esa operación Paraguay no existe ni como sujeto ni como contexto. La coherencia que el artículo predica sería, aplicada al periodismo internacional, una exhortación a no hacer pasar por cobertura de un país lo que es simple contenido de servicio.
No se trata de un error aislado ni de una conspiración. Se trata del funcionamiento ordinario de la maquinaria informativa global: los países sin conflicto agudo, sin catástrofe natural, sin elección inminente y sin figura presidencial excéntrica simplemente no generan titulares. Paraguay, hoy, no está en guerra, no está en default, no celebra comicios y no protagoniza un escándalo de corrupción que haya escalado a la prensa europea. Esa normalidad, que desde dentro podría leerse como una buena noticia, desde fuera se traduce en ausencia. Y la ausencia, en el ecosistema de los tableros de noticias, se llena con lo que haya: en este caso, un artículo sobre crianza que nada tiene que ver con el país.
Cabe preguntarse qué se pierde en esa omisión. La coherencia entre el decir y el hacer, tema del artículo de El País, es precisamente lo que no se le exige a la cobertura internacional sobre América Latina. Los medios europeos y estadounidenses dicen cubrir la región, pero su atención es selectiva y episódica: aparece cuando hay drama, desaparece cuando hay gestión. Paraguay, que lleva años gestionando crecimiento económico, tensiones comerciales en el Mercosur, déficits estructurales en educación y salud, y una compleja relación con sus vecinos, rara vez merece un párrafo sostenido. Hoy no merece ni uno. El titular que ocupa su lugar habla de familias, de valores, de coherencia. Ironías del algoritmo: el único texto que la sección Paraguay ofrece hoy es un llamado a la congruencia, publicado por un medio que, al menos en esta edición, no la practica cuando de cubrir Paraguay se trata.
No hay novedad, entonces, en el panorama de hoy. Y decirlo con franqueza es más útil que inflar un análisis sobre un artículo que no analiza nada. La prensa extranjera no está mirando a Paraguay hoy. Está mirando a los padres que quieren enseñar coherencia a sus hijos, en un texto sin país, sin frontera y sin noticia. Que ese vacío se haya archivado bajo la etiqueta Paraguay es, quizás, la única información relevante del día: la de que el silencio informativo sobre el país es tan amplio que cualquier contenido, incluso el más ajeno, cabe en él.