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🇸🇻 El Salvadorjueves, 8 de octubre de 2026

El encuadre que la prensa extranjera elige hoy para El Salvador es el del cuadro macroeconómico en ascenso, y conviene detenerse en cómo se construye ese relato porque dice más del observador que del observado. Infobae América dedica su pieza principal a la celebración del gremio empresarial por la proyección del Banco Mundial que sitúa al país como la tercera economía de mayor crecimiento regional en 2026, con una expansión prevista del 4,5% frente a un promedio latinoamericano de 2,2%. El dato es real y el medio lo atribuye con precisión a su fuente: el organismo multilateral elevó su previsión por tercera vez, de 2,5% en octubre de 2025 a 3% en enero de 2026 y 3,2% en junio, hasta romper su propia tendencia de ajustes inferiores a medio punto. El presidente de la ANEP, José Luis Saca, lo lee como confirmación de que el país hace bien las cosas y lo atribuye a la coordinación entre empresarios, trabajadores y Gobierno. Hasta ahí, el relato es el de un país que por fin entra en la conversación del crecimiento regional, escoltado por República Dominicana y Paraguay, y con el Banco Central de Reserva respaldando el optimismo desde su propio pronóstico de 4,5% a 5%.

Lo que el encuadre subraya, sin embargo, es también lo que omite. El informe del Banco Mundial, según lo cita el propio medio, condiciona la proyección a tres factores: mejores condiciones de seguridad, consolidación fiscal e inversión privada. La seguridad aparece mencionada como una limitación eliminada en 2022, sin que el texto entre en el costo institucional de esa mejora ni en las investigaciones internacionales que pesan sobre el régimen que la produjo. La consolidación fiscal se enuncia como logro, pero el mismo día los titulares informan que el país busca emitir 515 millones de dólares en deuda con exención tributaria para financiar el Presupuesto 2027. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez, y probablemente lo sean, pero el lector extranjero recibe la primera sin la segunda, como si el crecimiento flotara sobre una base que no requiere financiamiento constante. El propio Banco Mundial advierte, en el mismo informe, sobre la volatilidad de los precios de la energía, los niveles de deuda y los efectos de El Niño sobre la agricultura y la generación hidroeléctrica. Son riesgos que el medio consigna, pero que la narrativa del éxito desplaza hacia el final del texto, donde pesan menos.

Hay un matiz que sí merece atención y que no aparecía en coberturas anteriores: la desaceleración proyectada. El Banco Mundial anticipa que el crecimiento salvadoreño se moderará a 3,9% en 2027 y a 3,5% en 2028. Es decir, el pico es ahora y la curva desciende después. Ningún titular lo destaca, pero está en el texto y es la parte más honesta del ejercicio. Un país que crece al 4,5% un año y al 3,5% tres años después no está en una trayectoria de despegue sostenido, sino en un rebote que se agota. La pregunta que el encuadre extranjero no formula es si ese rebote se convertirá en estructura o si, como tantas veces en la región, se disolverá en el siguiente ciclo de precios de la energía o en una sequía. El resto de los titulares del día —el aeropuerto que supera los cuatro millones de pasajeros, la plataforma AgroConecta, el rezago en innovación y talento que el propio medio señala en las empresas salvadoreñas— completa un panorama de modernización desigual: infraestructura y comercio avanzan, la productividad y la formación se quedan atrás. La selección de fútbol cayendo al puesto 102 de la FIFA es, en ese contexto, una metáfora involuntaria pero exacta de un país que compite en la liga del crecimiento y pierde en la del desarrollo. La prensa extranjera ve hoy a El Salvador como una economía que por fin corre; sería útil que mañana se preguntara hacia dónde.

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