La prensa extranjera que mira a Costa Rica amanece hoy con una noticia de mercado inmobiliario, y conviene detenerse en la elección porque es reveladora. Infobae América titula que los alquileres subieron 3.27%, casi diez veces más que la inflación interanual. El dato es correcto y el contraste es real: durante los doce meses concluidos en septiembre, según las cifras del INEC que cita el medio, el costo de los alquileres avanzó 3.27% mientras la inflación interanual se quedaba en 0.34%. El Centro de Estudios del Negocio Financiero e Inmobiliario proyecta además un incremento de 3.54% para quienes busquen vivienda o renueven contrato al cierre de 2026. La historia que el encuadre internacional elige contar es la de una brecha: un país con precios generales casi congelados donde, sin embargo, vivir bajo techo ajeno se encarece mes a mes.
Hasta ahí, el titular resiste. El problema es lo que el titular deja afuera y que el propio texto del artículo sí contiene. El economista Melizandro Quirós, director ejecutivo del Cenfi, aclara a CR Hoy que la proyección “no se refiere al valor del reajuste anual aplicable” y que apunta a quienes ingresan al mercado o firman un nuevo período de arrendamiento. Es decir: la cifra que encabeza la noticia no describe lo que le ocurrirá a los contratos vigentes, que se rigen por la Ley General de Arrendamientos Urbanos y Suburbanos y, cuando están sujetos a ajuste por inflación, dependen de la variación interanual del IPC. La distinción no es un tecnicismo: es la diferencia entre un terremoto y un temblor. El encuadre de afuera prefiere el terremoto, porque el número grande viaja mejor que el matiz legal. Una vez más, la prensa extranjera convierte una proyección de mercado para nuevos arrendamientos en un diagnóstico sobre el costo de vida de un país entero.
Lo genuinamente nuevo, sin embargo, no está en la brecha entre alquileres e inflación, que es un fenómeno documentado desde hace varios trimestres. Está en la anatomía social del arrendamiento que el artículo desliza casi al pasar y que ningún titular recoge. Más de 361,000 viviendas alquiladas en el país, cerca de un millón y medio de personas, y un crecimiento del 19% en los hogares que arriendan entre 2020 y 2024, según el estudio del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos y la Universidad de Costa Rica. El dato que debería encabezar cualquier análisis serio es otro: en 2024, el 44.7% de las viviendas alquiladas correspondía a hogares encabezados por mujeres de entre 15 y 39 años. El alquiler, en Costa Rica, tiene rostro de mujer joven. Es ella quien sostiene el mercado, quien afronta la renovación del contrato, quien absorbe el diferencial entre un IPC negativo y un precio que sube. La prensa de afuera prefiere la cifra macroeconómica a la fotografía social, quizá porque la primera se lee en un titular y la segunda exige detenerse.
El artículo ofrece, además, la explicación estructural que el titular omite por completo: la compra de vivienda es inalcanzable para buena parte de esos hogares, y por eso el alquiler no es una elección sino una condena. Una familia con ingresos promedio de ₡522,562 al mes que destine el 35% al arrendamiento tendría que reservar la totalidad de su dinero disponible durante más de 22 meses para reunir el 10% de la prima de una casa de ₡76,500,000, y más de once meses para apenas el 5%, sin gastar en nada más. Ese es el verdadero titular: no que los alquileres suban casi diez veces más que la inflación, sino que suban en un país donde la alternativa —comprar— está fuera de alcance para la mayoría. La brecha entre alquiler e IPC es el síntoma; la imposibilidad de la prima es la enfermedad. El encuadre internacional, fiel a su costumbre, elige el síntoma porque cabe en una línea y no obliga a pensar en la estructura.
Los otros dos titulares del día completan el panorama con la misma lógica de siempre. Infobae América informa que la Sala Tercera propone que los jueces evalúen vínculos criminales al dictar prisiones preventivas, y que Centroamérica avanza en ética judicial aunque enfrente el reto de llevar las normas a la práctica. Son noticias institucionales, de proceso, que la prensa regional cubre con la plantilla del “avance con obstáculos”. No hay en ellas nada que contradiga el retrato que el artículo principal construye: un país ordenado, con instituciones que funcionan, donde el problema no es la violencia ni el colapso sino algo más silencioso y más difícil de titular —que la vida cotidiana se vuelve inalcanzable para quienes la sostienen. Costa Rica sigue siendo, para la mirada de afuera, el país sin drama. Y por eso el drama real, el de la mujer joven que renueva su alquiler sin poder comprar nunca, no llega a la primera plana.