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🇨🇷 Costa Ricadomingo, 7 de junio de 2026

La prensa internacional que hoy se fija en Costa Rica lo hace desde un ángulo que, en apariencia, es meramente administrativo: una comisión de emergencias elevando alertas meteorológicas ante lluvia y viento. Pero ese enfoque, aparentemente neutro, oculta un giro significativo en la narrativa que se ha construido sobre el país en los últimos tiempos.

Durante meses, el encuadre extranjero sobre Costa Rica ha privilegiado historias de estabilidad institucional, liderazgo ambiental y posicionamiento diplomático. Los titulares internacionales destacaban acuerdos de cooperación, iniciativas de protección infantil, expansión comercial. Costa Rica era presentada como un modelo funcionando, un país que pese a sus desafíos mantenía los engranajes de la gobernanza en marcha. Incluso los reportajes sobre crisis económica o inseguridad llevaban un matiz de "país que se recupera" o "democracia que resiste".

Hoy, sin embargo, la noticia que circula es sobre vulnerabilidad climática inmediata. No es una reflexión sobre cambio climático de largo plazo, sino sobre la capacidad presente del territorio para absorber eventos meteorológicos intensos. Y en esa cobertura emerge un detalle que la prensa extranjera no suele enfatizar en Costa Rica: la mención explícita de saturación de suelos, desbordamientos de ríos, deslizamientos, y especialmente, la acumulación de residuos sólidos que agrava las inundaciones.

Infobea América, al reproducir las declaraciones del presidente de la Comisión Nacional de Emergencias, incluye ese llamado casi desesperado sobre la basura en las calles y ríos, la referencia a "situaciones como la ocurrida ayer en Liberia". Ese detalle es revelador. No porque sea nuevo en Costa Rica, sino porque es la primera vez que la prensa internacional lo coloca en el centro de una noticia sobre gestión de desastres. Hasta ahora, los reportajes sobre inundaciones en países centroamericanos solían atribuirlas a factores "naturales" o estructurales (infraestructura débil, pobreza). Aquí, la narrativa incluye responsabilidad ciudadana directa: la gente bota basura, eso obstruye los cauces, eso empeora las inundaciones.

Esto marca un cambio sutil pero importante en cómo se está enmarcando a Costa Rica desde afuera. El país deja de ser visto únicamente como víctima de fenómenos climáticos o como modelo de gobernanza, para ser retratado como un territorio donde incluso las autoridades deben hacer llamados "vehementes" a la población para que no contamine sus propios ríos. Es un encuadre que humaniza el problema, pero también que cuestiona implícitamente la capacidad de una sociedad supuestamente desarrollada para gestionar lo básico: no contaminar el agua.

La prensa extranjera no está siendo crítica aquí, simplemente está reportando lo que dicen las autoridades costarricenses. Pero al hacerlo, está permitiendo que emerja una imagen de Costa Rica menos pulida que la que ha circulado: un país enfrentado no solo a cambios climáticos, sino a la gestión de sus propios residuos como factor de riesgo. Es una grieta más en la narrativa de estabilidad que se había construido, y esta vez no viene de reporteros investigadores, sino de las propias palabras de los funcionarios en alerta.

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