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🇸🇻 El Salvadorlunes, 8 de junio de 2026

La prensa extranjera vuelve hoy a El Salvador a través de un crimen que no es de El Salvador. Infobea América retoma la historia de Reyna Angélica Marroquín, la joven salvadoreña encontrada momificada en un barril treinta años después de su desaparición, pero lo hace de una manera que revela algo incómodo sobre cómo funciona el encuadre internacional: el país aparece en la narrativa solo como punto de origen de una víctima, no como contexto que explique nada.

Los detalles que Infobae despliega son los de un crimen estadounidense clásico: el empresario, la relación extramatrimonial, el feto, el barril de tinte, la fábrica de Manhattan, el suicidio cuando llega la evidencia forense. El drama es neoyorquino. La investigación fue estadounidense. El impacto mediático fue estadounidense, tanto que el caso llegó a programas como Forensic Files, NYPD Blue y Grave Secrets. El único elemento salvadoreño que aparece es la madre de Marroquín en El Salvador, citada por su sueño premonitorio, un detalle que Infobea describe como "casi sobrenatural" y que funciona en el relato menos como testimonio de dolor que como ingrediente folclórico que suma dramatismo a una historia ya sobrecogedora.

Esto no es una crítica al medio por cubrir el caso. Es una observación sobre lo que el encuadre omite: El Salvador en 1969 era un país que expulsaba jóvenes hacia Estados Unidos. Reyna emigró, trabajó como niñera y en una fábrica, mantuvo una relación con un empresario que la asesinó y ocultó su cuerpo durante treinta años. Esos son hechos que apuntan a estructuras migratorias, desigualdad laboral, vulnerabilidad de mujeres centroamericanas en mercados de trabajo estadounidenses, impunidad que tardó décadas en resolverse. Pero la prensa extranjera, al contar esta historia, no la cuenta como un caso que ilumina nada sobre El Salvador. La cuenta como un misterio criminal estadounidense con una víctima importada.

El resultado es que El Salvador sigue siendo invisible en su propia historia. No como nación con instituciones que fallan o que avanzan, no como contexto de migración forzada, no como lugar donde las mujeres desaparecen. Solo como el sitio del que alguien salió hace más de medio siglo. La narrativa internacional sigue siendo así: El Salvador como prólogo, no como argumento.

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