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🇨🇷 Costa Ricamartes, 9 de junio de 2026

La tormenta tropical Cristina que golpea hoy la costa pacífica de Costa Rica no es, en sí mismo, un acontecimiento que merezca análisis sobre el encuadre internacional. Es un fenómeno meteorológico real, documentado, con consecuencias concretas: embarcaciones volcadas, escuelas cerradas, rutas obstruidas, suelos saturados. Pero su aparición en el tablero de la prensa extranjera plantea una pregunta más incómoda: ¿por qué la cobertura de desastres naturales se convierte en espejo de cómo el mundo mira a un país?

Infobae América, al reportar sobre Cristina, no está simplemente informando sobre lluvia y viento. Está documentando la capacidad de respuesta institucional de Costa Rica ante una crisis. Y aquí reside el verdadero encuadre: la narrativa que emerge no es la del colapso, sino la de la gestión ordenada. Alejandro Picado, presidente de la Comisión Nacional de Emergencias, aparece como figura central, tranquilizador, coordinador. Los protocolos funcionan. Los comités municipales se activan. El Ministerio de Educación reporta cierres de escuelas de manera preventiva, no reactiva. No hay pánico en la cobertura; hay procedimiento.

Esto es significativo porque marca un contraste con cómo la prensa internacional ha comenzado a fragmentar su narrativa sobre Costa Rica en las últimas semanas. Mientras que antes el país era presentado como un modelo de estabilidad sin matices, ahora la cobertura de crisis permite que aflore un relato más matizado: Costa Rica es un país que enfrenta desafíos reales, pero que posee instituciones que responden. No es la imagen de perfección, pero tampoco la de caos. Es la de un Estado funcionando bajo presión.

Lo que la prensa extranjera omite deliberadamente en este tipo de cobertura es el contexto de frecuencia. Infobae menciona, casi de pasada, que los eventos climáticos extremos se presentan "cada vez con mayor frecuencia e intensidad en la región". Pero no profundiza. No pregunta qué significa esto para un país cuya economía depende del turismo y la agricultura, sectores que aparecen mencionados apenas como receptores de advertencias sobre seguridad. La vulnerabilidad climática de Costa Rica no es noticia de hoy; es un problema estructural que la cobertura internacional tiende a tratar como anécdota meteorológica.

Hay también una ausencia notable: no aparecen cifras de daños económicos estimados, no hay entrevistas con afectados, no hay perspectiva sobre si la infraestructura del país está preparada para la intensificación de estos fenómenos. La cobertura se detiene en lo administrativo, en lo que funciona, dejando fuera la pregunta más incómoda sobre sostenibilidad y adaptación.

En suma, la prensa internacional hoy ve a Costa Rica a través de Cristina, pero no ve a Cristina completamente. Ve un país con instituciones que responden en el corto plazo, que emite alertas, que coordina. Pero no interroga si esa capacidad de respuesta es suficiente ante un panorama de crisis climática recurrente. Es un encuadre que, paradójicamente, permite que Costa Rica siga pareciendo competente sin que se cuestione si la competencia es duradera.

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