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🇨🇷 Costa Ricajueves, 18 de junio de 2026

La detención del presidente municipal de Liberia por solicitud de extradición estadounidense por narcotráfico vuelve a situar a Costa Rica en el encuadre que la prensa extranjera ha consolidado con persistencia en los últimos meses: el de un país donde las instituciones formales conviven con redes de poder paralelas que operan con una soltura que sugiere complicidad o, en el mejor de los casos, incapacidad de contención. Lo notable no es que un empresario vinculado al tráfico de cocaína haya sido detenido, sino dónde y cómo la prensa internacional lee ese hecho.

Infobae América, al reportar la captura de Wilder Eusse Osorio, enfatiza un detalle que estructura el relato completo: que este hombre no era un personaje oscuro, sino el presidente de un club de fútbol, un inversor visible en Guanacaste con negocios en gasolineras, gimnasios y minimarkets. Es decir, alguien integrado en la vida económica local, conocido, respetable en apariencia. La acusación formal en Texas data del 10 de junio de 2026, pero su presencia en Costa Rica como figura pública en el deporte y los negocios es anterior. Eso es lo que la cobertura extranjera subraya sin necesidad de decirlo explícitamente: que Costa Rica no solo tiene un problema de narcotráfico, sino un problema de permeabilidad, donde el dinero de origen dudoso puede financiar clubes de fútbol y construir una reputación local sin que las alarmas internas se disparen hasta que Washington interviene.

El otro aspecto que la prensa internacional no deja pasar es la dimensión continental de la red. Eusse operaba, según la Fiscalía costarricense citada por Infobea, en una organización que abarcaba distintos países del continente americano. Costa Rica aparece así no como víctima de narcotráfico, sino como nodo funcional de una estructura mayor. Y eso es lo que la cobertura extranjera retiene: que el país es permeable no solo al crimen, sino a su escala internacional.

Hay también un silencio elocuente en cómo se reporta esto. El club emitió una respuesta escueta, sin declaraciones. El presidente ejecutivo, Luis Felipe Eusse, sobrino del detenido, no respondió a los medios. Ese silencio, en el relato de la prensa extranjera, no es neutralidad ni prudencia procesal. Es opacidad. Es la confirmación de que cuando el escándalo toca instituciones públicas, la respuesta costarricense tiende a ser el mutismo, y eso refuerza la imagen de un país donde las estructuras formales protegen a quienes están dentro, hasta que la presión externa las obliga a actuar.

Lo que distingue este caso del encuadre habitual es que aquí la captura no es resultado de una investigación costarricense que haya funcionado bien. Es resultado de que Estados Unidos abrió un expediente en Texas y pidió la extradición. Costa Rica ejecutó. La prensa internacional lee esto como lo que es: un país que depende de la acción externa para limpiar sus propias instituciones. Eso es más grave que cualquier cifra de narcotráfico.

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