La prensa internacional ha descubierto que Puerto Rico es un excelente escenario para debatir sobre feminismo, siempre que el puertorriqueño en cuestión sea famoso en otro lado. El País América publica hoy la respuesta de Ester Expósito, actriz española, sobre la polémica en torno a La Casita de Bad Bunny en Madrid. El tema es legítimo: la selección de mujeres que aparecen en ese espacio durante los conciertos, la representación de cuerpos, el feminismo y el disfrute del reguetón. Pero lo revelador es que el medio español enmarca la conversación sin necesidad de mencionar a Puerto Rico como sujeto de análisis.
Bad Bunny es puertorriqueño. La Casita es un concepto que emerge de la cultura urbana de la isla. El reguetón es un género que nació en Puerto Rico. Sin embargo, en el relato de El País América, la isla desaparece del horizonte intelectual del debate. Ester Expósito opina sobre feminismo y perreo, Ana de Arma está en el concierto, Chiara Ferragni también. El asunto se convierte en una discusión española sobre lo que las mujeres españolas pueden o deben hacer en un evento de música urbana, con un artista que ocurre ser originario de Puerto Rico.
Esto no es negligencia, es un patrón. La prensa extranjera utiliza a Puerto Rico como punto de origen de un producto cultural —un artista, una canción, un concepto estético— y luego procede a consumir ese producto en el extranjero, generando narrativas que ya no necesitan a la isla. Puerto Rico es el fabricante invisible. El debate público, la reflexión crítica, la controversia que merece atención, sucede en Madrid, en las redes sociales globales, en los programas de televisión española. La isla queda reducida a una nota al pie biográfica.
Lo irónico es que Expósito tiene razón cuando dice que "somos muchas de hecho" y que este es "un debate muy antiguo que yo pensaba que habíamos superado ya". Pero ese debate no es nuevo en Madrid. Es antiguo en Puerto Rico. La tensión entre feminismo y disfrute del cuerpo en la música urbana caribeña lleva décadas siendo discutida en la isla, en espacios que la prensa internacional nunca cubre. Cuando esa conversación viaja pegada a un concierto de Bad Bunny en una capital europea, de repente se vuelve digna de reflexión seria, de programas de televisión pública, de análisis en medios de prestigio.
La prensa internacional ha aprendido a extraer valor de Puerto Rico sin necesidad de mirar hacia Puerto Rico. Es una forma sofisticada de invisibilidad: la isla está presente en cada línea, pero ausente de cada pregunta que importa.