La prensa internacional ha encontrado su pregunta central sobre Colombia en una sola palabra: Washington. No en Bogotá, no en las calles donde ocurren las protestas, no en los mecanismos institucionales que validan o cuestionan un resultado electoral. La atención de los medios extranjeros se ha desplazado hacia el rol que Estados Unidos podría ejercer en un eventual gobierno de Abelardo de la Espriella, y en ese desplazamiento hay un mensaje implícito que merece ser nombrado.
France 24 estructura su pregunta de hoy alrededor de una premisa: De la Espriella se ha declarado seguidor de Donald Trump, ha prometido profundizar la cooperación militar con Washington y mantener relaciones estrechas con Estados Unidos. La pregunta que formulan los periodistas es qué rol tendría ese país en el nuevo gobierno colombiano. Es una pregunta legítima, pero su formulación revela algo sobre cómo la prensa extranjera está viendo a Colombia en este momento: no como un actor político autónomo, sino como un territorio donde se negocia la influencia de potencias externas.
Lo que está ausente en este encuadre es igualmente significativo. No se pregunta cuáles serían las políticas domésticas de De la Espriella, qué significa su victoria para la institucionalidad colombiana, cómo podría cambiar la relación entre el ejecutivo y otros poderes del Estado, o qué tipo de gobernanza pretende instalar. La pregunta internacional se reduce a: ¿cuánta influencia tendrá Washington? Es una forma de ver a Colombia que la convierte en un espacio de competencia geopolítica antes que en un país con sus propias dinámicas políticas internas.
Hay, además, un timing que no es casual. Los titulares de hoy muestran que mientras se cuestiona la legitimidad del preconteo electoral, mientras hay protestas en las calles, mientras analistas como Ariel Ávila hablan de las intenciones de desconocer o no el resultado, la prensa extranjera ya está negociando con la hipótesis de un gobierno De la Espriella como realidad consumada. No como posibilidad, sino como escenario en el que ya se puede analizar el papel de terceros países. Es una forma de cerrar el debate doméstico colombiano antes de que termine de abrirse.
Lo que la cobertura internacional omite es la pregunta inversa, la que tal vez importa más: qué rol podría tener Colombia en la política de Trump hacia América Latina. Porque ese es el verdadero contenido de la pregunta que France 24 formula. No se trata de entender cómo De la Espriella gobernaría Colombia, sino de ubicar a Colombia en la estrategia estadounidense. El país aparece como un peón en un tablero más grande, no como un jugador con sus propias reglas.
Esto no significa que la relación con Estados Unidos sea irrelevante para Colombia. Lo es, y mucho. Pero cuando la prensa internacional convierte esa relación en la pregunta principal sobre un cambio de gobierno, está eligiendo un encuadre que reduce la complejidad política colombiana a una variable externa. Y en ese acto de reducción, está haciendo algo más que informar: está legitimando una cierta forma de entender qué es lo que realmente importa en Colombia. Spoiler: según esta lógica, no es lo que los colombianos decidan entre ellos.