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🇵🇦 Panamáviernes, 26 de junio de 2026

La prensa internacional que cubre a Panamá hoy insiste en un encuadre que se ha vuelto casi automático: el del país como territorio donde la delincuencia organizada transnacional prospera y donde, por tanto, la solución reside en la cooperación estratégica con potencias extranjeras. El artículo de Infobea América sobre la incorporación de dos embarcaciones repotenciadas donadas por el Reino Unido ejemplifica con precisión cómo funciona este mecanismo narrativo.

La noticia en sí es menor: dos barcos más para patrullar aguas territoriales panameñas. Pero la cobertura internacional la presenta como un hito de importancia regional, y esa amplificación es lo que merece atención. El ministro Frank Ábrego habla de "escenarios de la delincuencia organizada transnacional", frase que la prensa extranjera retoma sin cuestionamiento. Los británicos, a través de su embajador y de Lord Roy Collins, subrayan que Panamá es "un socio clave" para proteger no solo la región, sino "el Reino Unido y Europa". La cifra que aparece en boca del portavoz británico es especialmente reveladora: el 80 por ciento de la cocaína incautada en Panamá tiene como destino Europa y el Reino Unido.

He aquí el punto de vista que la prensa extranjera está naturalizando: Panamá no es un país que enfrenta un problema de seguridad interna, sino un corredor geográfico donde se juega una batalla que, en realidad, importa a otros. Los británicos invierten un millón de dólares en barcos no porque Panamá sea una prioridad en sí misma, sino porque la geografía panameña es una prioridad para ellos. La cooperación se presenta como mutua, pero el lenguaje delata la verdad: Panamá "desempeña un papel fundamental" en una lucha que otros definen, otros financian y otros, al final, se benefician de controlar.

Lo que la cobertura internacional omite es igualmente instructivo. No hay análisis de por qué los mares panameños se han convertido en esos escenarios. No hay preguntas sobre corrupción interna, sobre la capacidad de las instituciones panameñas para actuar de manera independiente, sobre si la estrategia de seguridad responde a prioridades panameñas o a demandas externas. El hallazgo de 45 paquetes de droga en Veraguas aparece como un dato aislado, casi decorativo, que confirma el problema pero no lo interroga.

Lo que sí emerge es una Panamá funcional, predecible, dispuesta a ser un socio confiable. Eso es, desde la perspectiva de la prensa extranjera, lo que importa. No la autonomía, no la capacidad de decisión propia, no la salud de sus instituciones, sino su utilidad como territorio donde se puede hacer trabajo de seguridad que beneficia a terceros. El encuadre es el de un país que existe, fundamentalmente, en relación con las amenazas que representa para otros y con la capacidad que tiene para ser útil en la contención de esas amenazas.

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