Inicio/Opiniones · Paraguay
En vivo
🇵🇾 Paraguayviernes, 26 de junio de 2026

La prensa internacional ha relegado a Paraguay a una posición tan marginal en la cobertura del Mundial 2026 que casi resulta invisible incluso cuando aparece mencionado. France 24 Español, en su crónica del Grupo D, dedica párrafos extensos a Estados Unidos, Turquía y Australia, mientras que Paraguay recibe apenas tres oraciones dispersas en el relato general. Ese tratamiento no es negligencia casual: es el reflejo de cómo el exterior ordena la jerarquía de relevancia en el fútbol internacional.

El partido Paraguay-Australia merece atención precisamente por lo que revela sobre ese ordenamiento. Ambos equipos llegaron con tres puntos tras vencer a Turquía, y ambos jugaron un partido cauteloso, casi de trámite, que terminó 0-0. Esto es comprensible desde la lógica deportiva: con la ampliación del torneo a 48 selecciones, ocho de los doce terceros clasificados avanzan, lo que reduce la urgencia de ganar cuando un empate puede ser suficiente. Paraguay, con cuatro puntos, quedó en buena posición matemática para clasificarse a la siguiente ronda. Australia, con la misma cantidad de puntos pero mejor diferencia de goles, aseguró su pase.

Pero la cobertura de France 24 no se detiene en esos detalles tácticos para explicar por qué Paraguay jugó de esa manera. En cambio, simplemente constata que "Paraguay empató sin goles con Australia, y ahora debe esperar para conocer si clasifica como uno de los mejores terceros". La pasividad del lenguaje es significativa. Paraguay no decide, no actúa, no controla su destino: espera. Mientras Estados Unidos es descrito como un equipo que "preserva el liderato" tras una derrota que no le importaba, Paraguay es presentado como un sujeto en suspenso, dependiente de resultados ajenos.

Lo que la prensa extranjera omite es igualmente revelador. No hay análisis de la estrategia de Paraguay, de las decisiones de su técnico, de cómo el equipo navegó un escenario complejo donde avanzar era posible pero no garantizado. No hay retrato de los jugadores paraguayos más allá de una mención de Diego Gómez recibiendo su segunda tarjeta amarilla. El portero Orlando Gill aparece en el relato del partido de Australia, pero no en ningún contexto que lo humanice o lo reconozca como protagonista de su propio desempeño.

En su lugar, la atención se concentra en detalles periféricos: Lucas Herrington, de 18 años, se convierte en el australiano más joven en disputar un partido de Mundial. Eso merece dos párrafos. Christian Pulisic, quien entra de cambio para Estados Unidos, merece una explicación de su lesión y su regreso. Paraguay, simplemente, existe en el texto como un relleno necesario para completar la tabla de posiciones.

Este encuadre refleja una jerarquía tácita pero clara en la cobertura internacional del fútbol: los equipos grandes y los mercados mediáticos amplios merecen narrativa, análisis, contexto. Los equipos más pequeños merecen cifras y resultados. Paraguay no es noticia por lo que hace, sino por lo que le sucede, y esa diferencia es más profunda de lo que parece. Es la diferencia entre ser sujeto y ser objeto de la historia que se cuenta sobre el Mundial.

Compartir