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🇨🇷 Costa Ricalunes, 29 de junio de 2026

La prensa internacional que hoy se detiene en Costa Rica lo hace desde una perspectiva que merece atención: la de un país donde el acceso al ingreso no depende solo de la credencial universitaria, sino de una competencia que el sistema educativo formal sigue sin garantizar de manera equitativa. Infobae América, al reportar los resultados del Examen de Diagnóstico de Inglés 2026 de la Universidad de Costa Rica, no está simplemente documentando cifras de desempeño lingüístico. Está exponiendo un mecanismo de estratificación que opera dentro de la propia estructura de oportunidades que se suponía debería ser igualadora.

Lo que hace incisiva la cobertura es que no se detiene en la brecha genérica entre quienes hablan y quienes no hablan inglés. Va más allá: traza una línea que separa a los egresados del sistema público de los del privado con una precisión que la mirada internacional rara vez se permite. Solo 23.19% de quienes salieron de colegios públicos alcanza los niveles B2 o C1 que el mercado laboral exige para tareas profesionales. Entre los egresados de centros privados, esa cifra llega a 52.22%. No es un matiz. Es una división casi de dos a uno que convierte el tipo de educación secundaria recibida en un determinante de acceso laboral futuro.

La narrativa que construye Infobea es particularmente penetrante porque vincula esa brecha a algo que los mercados de trabajo global reconocen en términos económicos concretos: quienes dominan el inglés pueden recibir entre 30% y 60% más salario. La cobertura no deja ese dato flotando como una curiosidad estadística. Lo ancla en sectores específicos—servicios corporativos, tecnología, manufactura avanzada, ingeniería, finanzas—donde Costa Rica ha invertido décadas en posicionarse como destino de inversión extranjera. Es decir, el país que se vende a sí mismo como puerta de entrada a Centroamérica para multinacionales descubre que sus propios egresados universitarios no poseen la herramienta básica que esas mismas multinacionales exigen.

Lo que la prensa extranjera subraya, sin decirlo explícitamente, es una ironía incómoda: Costa Rica ha construido un modelo económico que depende de la atracción de capital internacional y la capacidad de sus trabajadores para operar en entornos globales, pero su sistema educativo público sigue produciendo profesionales que leen y entienden inglés mejor de lo que pueden hablarlo o escribirlo. En speaking, apenas 3.61% de los egresados de colegios públicos alcanza C1. Es decir, menos del 4% de quienes estudiaron en el sistema público logra el nivel más alto en la habilidad que más importa en una entrevista laboral, en una reunión con clientes internacionales, en cualquier contexto donde el inglés no es un complemento sino una herramienta de trabajo.

El director de la Escuela de Lenguas Modernas de la UCR, Allen Quesada, ofrece a Infobea una declaración que la cobertura internacional retoma con claridad: "Una persona puede tener un gran título, mucha preparación y experiencia, pero sin un buen dominio del inglés pierde oportunidades frente a otros candidatos". Es una frase que, en boca de un académico costarricense, suena como un diagnóstico de fracaso institucional. Y la prensa extranjera la lee así.

Lo que no aparece en el titular, pero sí en los datos que Infobea reporta, es que el 43% de los graduados ha tenido que pagar cursos externos de inglés para mejorar su nivel. Eso significa que casi la mitad de quienes completan una carrera universitaria debe invertir dinero adicional, fuera del sistema, para acceder a las mismas oportunidades laborales que sus pares de colegios privados ya poseen. Es una forma de privatización de facto de la educación superior: el Estado entrega el título, pero el mercado laboral exige que el estudiante complete su formación por su cuenta.

La mirada internacional, en este caso, no está siendo particularmente injusta ni distorsionadora. Está simplemente leyendo lo que los números dicen: que en Costa Rica, un país que se enorgullece de su sistema educativo y que ha hecho de la educación un pilar de su narrativa nacional, la calidad de esa educación sigue siendo profundamente desigual, y esa desigualdad tiene consecuencias económicas medibles. No es un problema de acceso a la educación superior, que Costa Rica ha resuelto en términos de cobertura. Es un problema de calidad diferenciada según el origen de clase, y eso es algo que la prensa extranjera identifica como una contradicción fundamental en el modelo costarricense.

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