El Salvador desaparece hoy de la cobertura extranjera, sustituido por una imagen que ya no le pertenece del todo. Infobea América reporta que estadounidenses y salvadoreños se reúnen para ver un partido de fútbol entre Estados Unidos y Bosnia-Herzegovina, evento enmarcado en la celebración de los 250 años de independencia estadounidense. El titular es amable, casi festivo. Pero lo que revela es algo más frío: El Salvador ha dejado de ser un sujeto de la información internacional para convertirse en un escenario donde ocurren otras historias.
Nótese lo que sucede en el encuadre. El evento no es salvadoreño. El aniversario que se celebra no pertenece a El Salvador. La reunión de "estadounidenses y salvadoreños" coloca a estos últimos en posición de audiencia, de comparsas en la conmemoración ajena. El medio extranjero no pregunta qué significa para El Salvador albergar esta celebración, no examina las implicaciones de una presencia estadounidense tan naturalizada que ya ni se cuestiona. Simplemente registra que ocurre, como si fuera lo más normal del mundo que un país centroamericano sea el territorio donde otra nación festeja su independencia.
Esto es más revelador que cualquier análisis sobre represión estatal o reformas institucionales. Sugiere una forma de invisibilidad que es casi más inquietante que la sobreexposición. Mientras la prensa extranjera cubría antes a El Salvador como un problema (inseguridad, autoritarismo, violencia), ahora lo trata como un espacio neutro, un lugar donde suceden cosas pero donde no hay un actor político o social que merezca atención en sí mismo. El país se ha vuelto decorado.
Mientras tanto, en Venezuela ocurre una operación de rescate en la que El Salvador participa activamente. El Estado salvadoreño moviliza recursos, personal y capacidad operativa durante casi 60 horas para liberar a un ciudadano atrapado bajo escombros. Es un acto de soberanía, de capacidad estatal, de responsabilidad con sus ciudadanos. Pero Infobea América apenas lo menciona en el flujo de titulares regionales. No merece el mismo espacio que una reunión para ver un partido de fútbol.
La pregunta que la prensa extranjera no se hace, porque ya ha dejado de hacer preguntas sobre El Salvador, es si esta reconfiguración de la atención es accidental o si refleja una decisión editorial más profunda. Cuando un país deja de ser noticia por lo que hace y empieza a serlo solo por lo que permite que ocurra en su territorio, algo ha cambiado en la forma en que el mundo lo ve. El Salvador no es ya el problema. Es el fondo.