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🇨🇴 Colombiaviernes, 3 de julio de 2026

La prensa internacional descubre hoy en Colombia una narrativa que trasciende lo político y lo securitario para adentrarse en el terreno de las sombras del pasado deportivo. El partido de dieciseisavos de final entre la selección colombiana y Ghana, que se jugará este viernes en Kansas City, se convierte en El País América en algo más que un encuentro futbolístico: es la ocasión para reavivar un episodio que la memoria colectiva del país nunca ha digerido del todo.

El encuadre es astuto. El medio español sitúa a Carlos Queiroz, el técnico portugués que fracasó de manera notoria al frente de la selección cafetera, ahora como entrenador del rival africano. Desde la perspectiva extranjera, esto no es casualidad sino destino, un guión que parece escrito para la redención o la venganza. El artículo habla de "revancha y ajuste de cuentas" que "enrarece el ambiente", como si Colombia tuviera una deuda pendiente no solo con Ghana sino con la historia de su propio fútbol.

Lo interesante aquí es que la prensa internacional, al cubrir a Colombia a través del deporte, tiende a buscar narrativas de trauma y recuperación. No se trata simplemente de analizar si la selección actual, con James Rodríguez y Luis Díaz, tiene la calidad para avanzar en el torneo. El relato extranjero necesita una capa emocional más profunda: la del país que quiere exorcizar sus demonios, que intenta cerrar heridas abiertas por una gestión técnica fallida. Colombia, en esta lectura, no solo juega por ganar un partido; juega por redimirse de un pasado que le pesa.

Este es un patrón recurrente en cómo la prensa de fuera ve a Colombia: la búsqueda de metáforas que conviertan los hechos en síntomas de algo mayor. Un partido de fútbol se transforma en catarsis nacional. Un técnico que regresa se convierte en un fantasma que debe ser exorcizado. La pregunta que queda sin formular es si este encuadre, aunque dramáticamente satisfactorio, distrae de lo que realmente importa: la calidad del juego, la capacidad táctica, el desempeño técnico. O si, en el fondo, es exactamente lo que una selección invicta y primera de su grupo necesita en ese momento: no solo ganar, sino ganar contra los propios demonios.

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