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🇵🇦 Panamáviernes, 3 de julio de 2026

El contrabando de cigarrillos es, en apariencia, un asunto de rutina aduanera. Un decomiso de 165 mil dólares en mercancía ilegal en Calidonia, coordinación interinstitucional, labores de inteligencia, custodia de evidencia. El relato que Infobea América construye sobre el operativo panameño es el de una máquina estatal que funciona: policía, fiscalía, aduanas trabajando en conjunto, sin incidentes, capaces de identificar puntos de acopio e interrumpir flujos ilegales.

Pero el encuadre que la prensa extranjera elige para este evento revela algo más profundo sobre cómo lee a Panamá en este momento. No se trata de un país donde el crimen organizado ha capturado el Estado o donde las instituciones son teatro de corrupción. Se trata de un país donde el Estado intenta funcionar contra las redes criminales, donde hay coordinación, donde hay inteligencia operativa, donde hay resultados tangibles. El énfasis está en la capacidad, no en la incapacidad.

Lo que es notable, sin embargo, es lo que este encuadre omite o subordina. El artículo menciona que el mercado clandestino de cigarrillos genera pérdidas millonarias al fisco cada año y constituye uno de los principales desafíos en materia de control aduanero. Pero no profundiza en por qué persiste, en qué medida los operativos son respuesta a un problema de escala o síntoma de una batalla que el Estado está perdiendo. Tampoco interroga las estructuras que permiten que la mercancía ingrese de manera irregular al territorio nacional con la regularidad que el texto sugiere.

La prensa extranjera, en suma, está leyendo a Panamá como un Estado que trabaja. Esto es un cambio respecto a meses anteriores, cuando el encuadre gravitaba hacia la vulnerabilidad fronteriza, la presión geopolítica, la corrupción institucional. Hoy el relato es más modesto: autoridades que decomisan, que investigan, que coordinan. Es posible que esto refleje una realidad mejorada. Es también posible que refleje simplemente la selección de un evento que permite narrar competencia estatal. En cualquier caso, el matiz es distinto. Panamá no aparece como un país fallido o capturado, sino como uno donde las instituciones aún tienen capacidad de acción, aunque sea contra un enemigo que, según el mismo texto, sigue ganando terreno.

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