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🇵🇦 Panamájueves, 9 de julio de 2026

La prensa internacional que cubre a Panamá ha hallado hoy un terreno donde el país parece actuar con coherencia institucional: la defensa de sus ecosistemas frente a presiones económicas. Infobae América reporta el veto presidencial de José Raúl Mulino a un proyecto de ley que habría debilitado la protección de los arrecifes coralinos, un acto que, en el contexto de la narrativa extranjera sobre Panamá, resulta casi sorprendente por lo que implica.

El encuadre que la agencia construye es notable por su precisión técnica. No se trata de una decisión política ambigua o de una concesión disfrazada. Mulino rechaza la iniciativa del diputado Benicio Robinson por razones explícitas: el proyecto pasaba de una prohibición expresa de construcciones sobre corales a un modelo de evaluación caso por caso, lo que abría márgenes de discrecionalidad administrativa. El veto presidencial señala, con claridad, que la norma carecía de definiciones sobre qué actividades se permitirían, qué permanecería prohibido y cuáles serían los estándares ambientales mínimos. Esta es la clase de argumentación que la prensa extranjera suele asociar con Estados frágiles incapaces de sostener posiciones firmes.

Lo que la cobertura subraya, sin embargo, es que en este caso la fragilidad no ganó. Panamá enfrenta presiones reales: blanqueamiento coralino en Portobelo, Las Perlas, Coiba; aumento de la temperatura marina, sobrepesca, turismo no regulado. El país tiene planes de desarrollo que contemplan el uso recreativo de sus costas. La tentación de flexibilizar normas ambientales para facilitar inversión es, en contextos latinoamericanos, casi irresistible. Que el Ejecutivo haya resistido, y haya articulado un argumento institucional coherente para hacerlo, es lo que captura la atención de Infobea.

Pero el encuadre también revela algo sobre cómo la prensa extranjera lee las prioridades de Panamá. Los arrecifes coralinos son, sin duda, un bien público. La Autoridad de los Recursos Acuáticos del país señala que son ecosistemas altamente productivos que mantienen zonas costeras, alimentan economías locales y sustentan turismo. Pero en el contexto de una nación donde jubilados insisten en equiparación de pensiones menores a 600 dólares, donde la corrupción ha capturado sistemas tributarios completos y donde la seguridad ciudadana sigue siendo un desafío, la cobertura internacional de una decisión ambiental puede parecer desproporcionada.

Lo que ocurre aquí es que la prensa extranjera, al reportar este veto, está validando una narrativa alternativa sobre la capacidad estatal panameña: no la de un Estado capturado o negligente, sino la de un Estado capaz de defender límites institucionales cuando lo considera necesario. Es un matiz importante. No significa que Panamá haya resuelto sus problemas de gobernanza, pero sí que hay espacios donde la lógica institucional aún prevalece sobre la presión económica inmediata. La pregunta que la cobertura deja implícita es si esa misma coherencia se aplica de manera consistente en otros ámbitos donde está en juego el interés público.

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