La prensa extranjera ha decidido hoy que El Salvador es un país donde los números funcionan, pero las preguntas incómodas no. Infobae América publica un informe económico de la Asociación Salvadoreña de Industriales que suena casi como un comunicado de victoria: exportaciones industriales en máximo histórico de 2,635.8 millones de dólares en el primer semestre, crecimiento del PIB industrial de 4.4 por ciento, financiamiento bancario en expansión del 11.4 por ciento, inversión en construcción descrita como "impresionante". El titular es limpio, optimista, el tipo de noticia que hace que un país se vea como un lugar donde algo funciona.
Pero el encuadre revela una omisión sistemática que merece examen. Infobae reporta los números de la gremial industrial como si fueran datos del Instituto Nacional de Estadística, sin mediación crítica, sin pregunta incómoda alguna. Cuando la ASI dice que "todos los sectores de la industria están teniendo crecimiento positivo", el medio lo reproduce. Cuando la asociación advierte sobre competencia desleal de productos asiáticos —tema que aparece en otro titular del mismo día—, el problema se presenta como una cuestión de logística y aranceles, no como una realidad estructural que cuestione la sostenibilidad de esa expansión.
Lo que la cobertura extranjera elige enfatizar es el relato de resiliencia: un sector que crece a pesar de fluctuaciones globales, que invierte, que genera empleo, que pide integración regional y acceso a mercados. Es un relato que funciona porque es parcialmente verdadero. Pero es también un relato que conviene a ciertos actores, y la prensa internacional lo amplifica sin señalar que proviene casi íntegramente de la voz de los propios industriales.
Hay algo más sutil en juego. Al presentar a El Salvador como un país donde la industria es "motor principal del crecimiento económico" y representa el 13 por ciento del PIB, mientras genera más del 90 por ciento de las exportaciones de bienes, la narrativa extranjera está legitimando una economía altamente concentrada. No pregunta qué ocurre con el 87 por ciento del PIB restante, quién captura esa riqueza, cómo se distribuye el empleo que supuestamente genera esa industria en expansión, o si el crecimiento se traduce en reducción de desigualdad. Esas preguntas no aparecen en el texto que publica Infobea.
El encuadre también revela algo sobre cómo la prensa extranjera está eligiendo mirar a El Salvador en este momento. Prefiere los datos de crecimiento a las preguntas sobre concentración. Prefiere la voz de las gremias empresariales a la de trabajadores o consumidores. Prefiere hablar de "competitividad" y "aranceles" a hablar de salarios, condiciones laborales o acceso a crédito para pequeños productores. Es un sesgo que no es nuevo, pero que hoy se vuelve más visible precisamente porque los números son buenos y permiten que ese sesgo se oculte detrás de la objetividad de las cifras.
Hay un último matiz. Cuando la ASI plantea que es "indispensable avanzar en la agenda de competitividad: integración regional, acceso a mercados y trabajo conjunto entre el sector público y privado", la prensa extranjera lo toma como un diagnóstico neutral de lo que El Salvador necesita. Pero ese diagnóstico viene de quienes se benefician directamente de esas políticas. Que Infobea lo reproduzca sin señalar ese interés es, en sí mismo, una forma de encuadre que favorece a ciertos actores sobre otros.
El editorial de hoy no es sobre si El Salvador crece o no. Es sobre cómo la prensa internacional elige contar ese crecimiento: como un éxito técnico, sin las preguntas sobre quién gana, quién pierde, y si lo que se expande es la economía o solo ciertos sectores de ella.