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🇵🇾 Paraguaymartes, 14 de julio de 2026

La prensa internacional descubre hoy a Paraguay a través de sus números, no de sus historias. Después de semanas enfocada en narrativas de redención personal —el portero que vendió su uniforme, el jugador que superó adversidades—, la cobertura extranjera gira hacia un territorio menos emocional pero potencialmente más revelador: la economía real del país.

El dato es contundente. Infobae América reporta un superávit comercial de 746,6 millones de dólares en el primer semestre de 2026, un giro dramático respecto al déficit de 697,9 millones registrado en el mismo período de 2025. Las exportaciones crecieron un 23,6 por ciento, impulsadas principalmente por la soja, cuyas ventas se duplicaron casi con respecto al año anterior. Argentina absorbió el 42,3 por ciento de esas exportaciones, con un incremento del 52,5 por ciento.

Lo interesante no es solo el dato económico en sí, sino lo que su presencia en la agenda internacional sugiere sobre cómo se está reencuadrando la mirada sobre Paraguay. Después de reducir el país a un decorado emocional, la prensa extranjera comienza a reconocerlo como un actor económico real, un productor de commodities cuya performance importa en la región. Ese cambio de óptica es significativo.

Sin embargo, el encuadre sigue siendo incompleto. El artículo menciona casi de pasada un conflicto geopolítico de envergadura: la denuncia conjunta de Estados Unidos y Paraguay sobre infiltración de actores cibernéticos vinculados a China en sistemas estatales paraguayos. China rechaza las acusaciones. Pero esa tensión —que toca directamente la soberanía digital del país— aparece subordinada al relato de números comerciales. Es como si la prensa internacional dijera: Paraguay es interesante cuando produce ganancias; cuando enfrenta vulnerabilidades estratégicas, es apenas un apéndice de conflictos geopolíticos mayores.

El dato más revelador quizá sea otro: China, con la que Paraguay no mantiene relaciones diplomáticas, sigue siendo su principal proveedor de importaciones, con el 36 por ciento del total. Esa paradoja —confrontación política, dependencia comercial profunda— apenas merece reflexión en el relato internacional. La prensa extranjera prefiere celebrar el superávit que examinar las fragilidades que ese superávit oculta.

Paraguay deja de ser un país de historias personales para convertirse en un país de cifras. Ambos encuadres son parciales. Ninguno toca fondo.

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