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🇵🇪 Perúmiércoles, 15 de julio de 2026

La prensa internacional ha comenzado a enmarcar a Keiko Fujimori no como una incógnita electoral sino como una realidad administrativa que ya debe rendir cuentas. Los dos titulares de hoy marcan un desplazamiento sutil pero significativo respecto a la cobertura de semanas anteriores: dejan de preguntarse cómo fue posible su victoria y comienzan a interrogarse qué hará con ella.

El País América plantea los retos con una literalidad que sugiere cierto agotamiento del asombro. Inseguridad ciudadana y fractura nacional son, desde luego, los problemas reales de Perú, pero el hecho de que la prensa extranjera los presente como los desafíos de Fujimori—no como los desafíos de Perú que ella debe resolver—contiene una premisa tácita: que el país ya le pertenece, que la pregunta sobre legitimidad ha sido zanjada por el acto electoral. France 24, por su parte, mantiene la pregunta sobre si representa novedad o continuidad, pero la formula ya como una interrogante sobre su gestión futura, no sobre la validez de su llegada.

Lo que ambos titulares eluden es la persistencia de la crisis institucional que rodea esa presidencia. No mencionan a Castillo, no mencionan los conflictos de poder que siguen abiertos, no mencionan la polarización que hizo posible su victoria. El encuadre internacional parece haber optado por una normalización estratégica: aceptar que Fujimori gobierna y evaluar su desempeño en términos de eficacia, no de legitimidad. Es una forma de cerrar un capítulo incómodo mediante la simple decisión de no releerlo.

Esa opción narrativa tiene consecuencias. Al trasladar el foco de la crisis política a la agenda de gobierno, la prensa extranjera corre el riesgo de perder de vista lo que hace que la inseguridad ciudadana y la fractura nacional sean problemas particularmente agudos en Perú: que ocurren en un contexto donde las instituciones que deberían resolverlos siguen cuestionadas. Una presidenta que llega con dudas sobre su legitimidad no puede simplemente gobernar como si esas dudas no existieran.

La cobertura de hoy sugiere que la prensa internacional ha elegido fingir que sí puede.

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