La prensa extranjera ha encontrado hoy en El Salvador un motivo para mirarlo como escenario geopolítico, y no como país con problemas propios. El artículo principal, firmado por Infobae América, recoge el anuncio del director ejecutivo de la Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos, Ben Black, quien tras una visita oficial declaró que su agencia apunta al país centroamericano como destino prioritario para inversiones en infraestructura y tecnología. La frase que da cuerpo a la noticia no es económica sino política: "Su liderazgo audaz ha hecho de El Salvador un país más seguro y un amigo más cercano de los Estados Unidos", escribió Black en X. El encuadre queda así desde la primera línea: El Salvador interesa porque es seguro y porque es amigo. El resto, los proyectos, los montos, las fechas, es ruido de fondo.
No es casual que la noticia se ancle en el testimonio que Black rindió ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, donde la prioridad no era Centroamérica sino China. "La Ruta de la Seda Digital de China no puede arraigar su influencia", dijo el funcionario, y presentó como modelo un acuerdo con una red de telecomunicaciones de Kazajistán. La mirada extranjera que hoy cubre a El Salvador lo hace desde esa clave: el país interesa menos por lo que ocurre dentro de sus fronteras que por lo que representa en el tablero de la rivalidad entre Washington y Pekín. Bukele se convierte así en un socio útil, y las palabras de Black son el certificado de esa utilidad. La visita del presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, y los 501 millones de dólares del programa AprendES completan el patrón que el medio describe con claridad: El Salvador se posiciona como vitrina de la agenda de inversión estadounidense en la región.
Ahí reside el matiz más incómodo del día, y el que el artículo no subraya con la fuerza que merece pero tampoco oculta: la inversión extranjera directa neta cayó 40.4% en el primer trimestre de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, según datos del Banco Central de Reserva, una cifra que contrasta con el optimismo de los titulares. La paradoja es evidente: mientras los medios internacionales celebran a El Salvador como aliado estratégico, los números revelan que la confianza de los inversionistas no sigue el mismo ritmo que la retórica política. El país, en efecto, se ha convertido en un peón en el juego de potencias, pero el tablero no siempre premia a quienes creen dominarlo.